Realmente es una pesadilla política la que estamos viviendo los panameños, los cuales estamos frustrados, indignados y asqueados con toda la corrupción de la cual nos hemos venido enterando últimamente por los medios, y todo a consecuencia de las pugnas personales que comenzaron desde el inicio del gobierno de Varela con el gobierno inmediatamente anterior de Martinelli. ¡Han abierto la caja de Pandora! Antes los ciudadanos no nos enterábamos, solo se murmura tras bastidores de los actos de corrupción, ya que el gobierno entrante echaba tierra y pasaba la página a todos estos actos delictivos y continuaba haciendo lo suyo como si nada hubiera pasado, esas eran las prácticas habituales. “Gobierna para cuando estés en oposición” era el norte y así se establecían estos acuerdos privados. ¿Qué hubiera pasado si el gobierno anterior hubiera seguido gobernando o no se hubieran suscitado estas pugnas? No hubiera salido a la luz pública el grado de corrupción imperante en nuestro país.
Ahora nos estamos enterando de los millonarios sobreprecios, de las millonarias consultorías que emanan de los ministerios del Órgano Ejecutivo, así como de las planillas millonarias que favorecen a familiares y allegados de los diputados de la Asamblea del Órgano Legislativo, también hemos visto cómo la corrupción ha entrado en nuestro Órgano Judicial cuando no se dictaminan fallos oportunos ni certeros contra estos delincuentes y se hacen prebendas para favorecerlos.
Así es, estamos en el país de la danza de los millones, pero para favorecer a un minúsculo grupo de corruptos.
Se está hablando de la constituyente como única forma de erradicar el cáncer social y de corrupción que se cierne sobre nuestro país, y cito lo que dice la nuestra en su inicio:
La República de Panamá, según el artículo 2 de la Constitución Política de Panamá “el poder público emana del pueblo. Lo ejerce el Estado conforme esta Constitución lo establece por medio de los órganos...”: Órgano Legislativo (Asamblea Nacional de Panamá), Órgano Ejecutivo (presidente de la República y Consejo de Gabinete) y el Órgano Judicial (Corte Suprema de Justicia).
El Gobierno de Panamá se define en su Constitución Política como unitario, republicano, democrático y representativo. Se indica que el poder público solo emana del pueblo y lo ejerce el Estado por medio de los órganos Legislativo, Ejecutivo y Judicial, los cuales actúan limitada y separadamente, “pero en armónica colaboración”.
Con la corrupción imperante en nuestro país debería decir en vez de en “armónica colaboración”, que ya ha demostrado que solo ha servido para taparse los unos a los otros. “Temerosos los unos de otros, cuidando los intereses del Estado para no caer en la corrupción de ningún tipo”.
Lo más preocupante de todo es constatar que la corrupción está enquistada en la naturaleza del ser humano desde el inicio de los tiempos, vemos corrupción no solo en nuestro país, sino en todos los países del mundo, en organizaciones deportivas como la FIFA, empresariales y hasta en las religiosas.
Sí, estamos en una pesadilla de la cual quisiéramos despertar y ver que nuestra clase política, empresarial y civil realmente quiere a este país y antepone sus intereses personales por los de la Patria.
¿Qué nos corresponde a los ciudadanos decentes que nos levantamos de madrugada a bregar por el sustento propio, de nuestras familias y por el progreso del país? Seguir elevando nuestra voz de protesta, sancionando moralmente a aquellos que son corruptos, no favorecer con nuestro voto a aquellos que han demostrado corrupción en cargos públicos, y seguir en la batalla diaria entre el bien y el mal. ¡Por nuestro país, por nuestros hijos! ¡Adelante, Panamá!
El autor es empresario