CAMBIOS CONSTITUCIONALES

¡Planchen las reformas!

Como muchos previmos, las reformas constitucionales se han convertido en caja de pandora y lo mejor sería abortar el proyecto antes de que nos resulte un adefesio. Todo lo que empieza mal termina mal, y esta no pareciera ser la excepción. Sensato sería empezar de nuevo.

La reforma constitucional exitosa empieza por originarse en un selecto grupo de entendidos en la materia, sigue por el consenso de los distintos factores de poder y concluye con los formalismos de ley. Este no ha sido el caso.

El Consejo de la Concertación Nacional que ni por ley ni en la práctica representa a la Nación, descartando enjundiosos trabajos como el de la Comisión de Notables designada en el gobierno Martinelli y varios más, se abrogó el derecho de presentar al gobierno de turno sus propuestas como el non plus ultra y éste cayó en el craso error de trasladarlas tal cual a la Asamblea de Diputados. A su vez los diputados a cargo, con la mejor buena fe, iniciaron un periplo de consultas ciudadanas, válidas pero incompletas sin las de los entendidos en la materia y, sobre todo, los factores de poder.

Como era de esperarse, cada quien pretende elevar a rango constitucional sus intereses particulares para que, en principio, se vuelvan inmutables. Obviamente los contrarios protestan en contra. Juiciosas y prudentes encuentro aquellas constituciones que se limitan a lo necesario dejando el resto a las leyes y a quienes las dictan, interpretan y aplican, quienes sino la atinan tampoco lo harán con la Constitución.

Lo grave en el camino son las pretensiones de algunos, primordialmente de la llamada sociedad civil, de que se apruebe el proyecto tal como llegó a la Asamblea, desconociendo la realidad, quiérase o no, de que los diputados y los partidos políticos no solo tienen el derecho de proponer cambios, sino que son real y efectivamente mucho más representativos de la panameñidad actual.

Las propuestas de los diputados y de los ciudadanos que consultaron son tan válidas como las de los proponentes originales, todas tienen su razón de ser. En materia constitucional es difícil encontrar verdades absolutas. Cada causa produce un efecto y lo que se busca es la solución que produzca el efecto deseado. Así, los circuitos uninominales tienden a favorecer a los partidos grandes y los plurinominales la representación proporcional de las minorías; el voto por listas, a la cúpula de los partidos, mientras que el voto individual, a los copartidarios de base; la relección presidencial, a la continuación de los buenos proyectos y políticas gubernamentales, y la no relección, a impedir el abuso en el poder, etc.

De los diputados y de la ciudadanía por ellos consultada han salido propuestas dignas de consideración y no del menosprecio con que han sido recibidas por algunos. Así, la nacionalidad se transmite en razón de los progenitores (ius sanguini) o del lugar de nacimiento (ius soli) o de ambos, que es el que ha imperado en Panamá y con el que comulgo; pero en Alemania, Francia y otros países europeos y de Asia y África, solamente opera el derecho de sangre, lo cual impide el nacimiento de conveniencia. El voto de censura a los ministros facilita el “accountability” del órgano Ejecutivo, existe en Perú y otros regímenes presidencialistas y rigió en nuestra Constitución de 1946, que también contemplo la participación de la Asamblea en la elaboración presupuestaria.

Razón le doy a los diputados al defender su relección perpetua. Creer que las malas prácticas que les endilgan sus detractores son producto del tiempo que ejercen y no de la naturaleza de cada quien me parece la mar de ingenuo, con la agravante de echar por la borda la experiencia adquirida. Costa Rica, México y otros países que han practicado de una u otra forma la no relección, no han mostrado mejores asambleas que Panamá.

En fin, vana ilusión esperar que las reformas constitucionales resuelvan lo que realmente interesa a las mayorías: seguridad, salud, educación y mejorar sus niveles de vida. Dediquémonos mejor a esto, que en el referéndum el pueblo premiará o castigará al gobierno por sus actos más que por la reforma constitucional.

El autor es abogado

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