TRÁFICO URBANO

¿Podemos ensanchar las calles?

El problema del tránsito es complejo y tomará años resolverlo, construyendo una red de transporte público eficiente y atractivo, volver la ciudad más densa y multipolar, etc., etc.

No obstante, hay una medida que se puede tomar rápidamente, sin mayor costo y de efecto inmediato y creciente: ensanchar nuestras calles eliminando los autos estacionados a lo largo de uno o ambos lados, causando la pérdida de uno, a veces dos carriles. Los rótulos con la “P” tachada y los cordones pintados de amarillo hoy son adornos callejeros, situación que se tolera, supongo por lo de “¿a donde van a parquear?”.

Esa situación se resuelve construyendo edificios de estacionamientos públicos. Esperar que lo construya la empresa privada es inútil: ningún inversionista construirá un garaje público, que por supuesto no podrá ser gratis, mientras exista la alternativa de aparcar sin costo en la calle. Es la vieja historia de la gallina y el huevo. No hay garajes porque se puede estacionar en la calle y se estaciona en la calle porque no hay garajes. Ese impasse lo tiene que romper la autoridad pública. La entidad que lo haga no tiene que verse afectada en su presupuesto; solo se requiere algo de capital de trabajo, temporalmente.

El método es sencillo: la autoridad construye un garaje público, impone el “no estacionar” en las calles y luego la gente se ve forzada a usar el garaje y a pagar la tarifa que corresponda. Esta debe ser la necesaria para operar el garaje, amortizar la inversión y producir un retorno razonable sobre la inversión. Una vez operando el edificio y convertido en un negocio estable, este se podrá vender fácilmente a la empresa privada, y con el producto de la venta la operación se repite en otro sector, y así sucesivamente. El capital que se requiere es poco, pues la construcción se puede financiar. Probablemente sí habrá que comprar el terreno, y aun, si fuese necesario expropiarlo y pagarlo a precio justo, pero al final esa inversión también revertirá cuando se haya vendido el último de los garajes.

Es un proceso de poco a poco, lento, pero su efecto se irá sintiendo calle por calle, barrio por barrio a medida que avanza el programa. De haberse empezado hace apenas pocos años ya sería muy distinta nuestra situación actual.

Tal programa también promoverá las otras metas necesarias: disminuir la cantidad de autos circulando y hacer más eficiente y atractivo el transporte público. Eso ocurrirá porque el estacionamiento público cuesta y el capitalino tendrá que comprender que el costo de estacionar es parte del costo de poseer y operar un automóvil propio. Su alternativa será el transporte público, que es lo que debe ser, el medio principal en toda ciudad. Y este mejorará puesto que habrá menos autos en la calle, y por ende menos buses atrapados en tranques interminables.

Así, lenta pero seguramente, junto con todas las otras medidas, el tránsito mejorará, la calidad de vida del peatón y de todos en la capital mejorará. Basta con empezar.

El autor es arquitecto


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