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RELACIONES DIPLOMáTICAS

¿Polisario iraní?

Recientemente, los medios dieron cuenta de una acción relevante entre Marruecos e Irán, concerniente a la ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países, por iniciativa de Rabat. En esta oportunidad se trató de la acusación por la parte marroquí del desvelamiento de pacientes intentos del Hezbollah de formar milicianos saharauis en tácticas de comandos, guerrilla urbana y manejo de armamento sofisticado, acción desestabilizadora, que promueve una peligrosa escalada bélica en el conflicto del Sahara, al extremo de posibilitar ataques a aeronaves comerciales, poniendo en peligro la aviación civil en la región.

Resulta palpable que, a pesar de las protestas internas y el debilitamiento de su economía, Irán no interrumpe la canalización de enormes cantidades de dinero y recursos hacia Estados vasallos o milicias en determinados países árabes, donde mantiene ascendencia en razón de importantes minorías chiíes; además de células terroristas en el Golfo y reclutamiento en el Magreb y Asia central; y una red de alianzas letales particularmente en el este de África.

Entre sus principales brazos armados internacionales, destaca el Hezbollah libanés, organización islámica de orientación chií, que desde su creación en 1982 recibe armas, instrucción militar y apoyo financiero de Irán. Por tanto, ante el reconocimiento de relaciones efectivas existentes entre el Hezbollah y el Polisario desde 2016 y la constatación reciente de actividades hostiles por parte de Teherán, Marruecos resolvió denunciarlas y proceder a romper relaciones diplomáticas con el Estado persa.

En realidad, la relación bilateral ha sido bastante tortuosa y caracterizadas por la tensión desde la revolución islámica en 1979, por lo que no fue hasta 1990 que se normalizaron los lazos. Más adelante, en 2009, Marruecos rompió relaciones diplomáticas con Irán, tras declaraciones de un alto cargo de ese país, en las que cuestionaban la soberanía de Bahrein y la denuncia “injerencia intolerable”, el apoyo de Marruecos a la independencia de ese país del Golfo Pérsico y por la acusación de Marruecos a Teherán de instigar la conversión religiosa de los marroquíes, mayoritariamente sunitas, apoyando a la minoría chiita del país. Posteriormente, en 2014, tales relaciones fueron reestablecidas y la ruptura del nexo actual revela otra explicación. Según Rabat, esta se sustenta en pruebas tangibles de acciones hostiles por parte de Teherán, que con la venia de Argel y a través de Hezbollah, rearma con pertrechos militares de punta al Polisario, para hostigar a Marruecos por el nuevo giro en su política exterior de vuelta al África.

Tal política, al parecer, le está dando frutos positivos a Marruecos, por lo que es de esperar nuevas embestidas de la contraparte para frustrar la consecución de alianzas que determinen un resultado favorable a Rabat, en el pulso que llevan las partes enfrentadas.

El autor es docente universitario


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