“El ladrón te roba la cartera, la cadena, el celular. El político te roba la vivienda, la salud, la educación, tu futuro. El primer ladrón te escoge a ti y el segundo ladrón lo escoges tú”.
La política en nuestro país se encuentra en un estado de arrebato, y a quienes aspiran a puestos en las elecciones los asiste el legítimo derecho de elegir y ser elegidos.
Hay que aceptar que muchos aspirantes a puestos de elección tienen la buena voluntad de buscar inmediatas soluciones para los conciudadanos.
El chombo Arana, Macaracas y Palillo son inseparables amigos que han decidido ir a la cancha y aventurarse en el mundo submarino de la política.
De nada han servido mis argumentos para convencerlos de que desistan de ese empeño, que a la larga se encontrarán con zancadillas y puñales traidores de los oportunistas que aplican muy bien el arte de las ratas, que abandonan la nave cuando presienten que el hundimiento es inevitable.
A mis cordiales amigos que ya no me paran bola, les deseo éxitos, porque también soy un convencido de que si nada arriesgas, nada obtienes.
Por otro lado, observo algunos candidatos extraviados que aseguran que los dioses están de su parte. Son los farsantes habituales que con enfermizas posturas de genios embotellados pretenden enredar a los ciudadanos, y al igual que mediocres personajes de la diplomacia ya no convencen al electorado.
Los consumados charlatanes crónicos, peligrosos y venenosos ya están en abierta subasta ofreciendo sus servicios al mejor postor. Existen en nuestra fauna ingenuos políticos que “pagan por sufrir” porque la mayoría de los argumentos utilizados por los charlatanes no logran captar o motivar el interés de los electores.
La consigna ciudadana, sea cual fuese nuestro destino en 2019, es llevar en alto nuestras cabezas por orgullo y no bajarla por servilismo. Así debe ser, así será.
El autor es periodista