Entre 1990 y 2015, se redujo por más de la mitad la pobreza extrema en el mundo. Pero el progreso vino con desigualdades. Para terminar el trabajo y porque realmente hay esperanzas de poder acabar con la pobreza global, en 2015 se lanzaron los objetivos de desarrollo sostenible (“ODS”), luego del proceso más inclusivo y consultado en la historia de las Naciones Unidas. La sociedad civil, el sector privado y cada ciudadano tiene ahora la oportunidad histórica de participar de la mano de los gobiernos para avanzar hacia el desarrollo sin robarle a las futuras generaciones lo que no nos pertenece.
La Agenda 2030 nos enfoca en el largo versus corto plazo, en los resultados sostenibles versus los inmediatos y transitorios. Además de terminar con la pobreza, los 17 ODS incluyen, entre otras metas, salud y bienestar, educación de calidad, trabajo decente, medio ambiente, igualdad, paz, justicia e institucionalidad. La mejor forma de asegurar que los ODS no sean un simple sueño es que los diferentes sectores interesados estén empoderados y accionando.
Los gobiernos, al tener el poder político y la responsabilidad de diseñar e implementar políticas públicas, llevan el peso del asunto. Panamá ha iniciado el camino con el Plan Estratégico Nacional con Visión de Estado “Panamá 2030”. Ha sido el primer país en adoptar un mes dedicado a los ODS—julio a partir de este año. Ha sumado a embajadores de buena voluntad para sensibilizar sobre objetivos específicos (el mío es el 16: paz, justicia e instituciones sólidas). En talleres, se está promoviendo la integración de los ODS en metas priorizadas de empresas y oenegés. Pero los retos que enfrentamos son tan grandes que no pueden ni deben ser resueltos solo por los gobiernos.
La sociedad civil, a nivel internacional, participó activamente en la creación de la Agenda 2030. Ahora su reto es pasar del diseño a la implementación y de lo internacional a lo local, nunca dejando de impactar a través de su capacidad de indignarse, sensibilizar y movilizar. Una sociedad civil informada sobre los compromisos de su gobierno será el más efectivo vigilante y una fuente de presión constante por los próximos 12 años.
El sector privado puede enfocarse en minimizar los impactos negativos creados por sus operaciones y maximizar los impactos positivos a través de sus servicios y responsabilidad social empresarial.
En el primer caso se busca que sus actividades sean cónsonas con el medio ambiente y la salud pública y que fomenten la transparencia y no la corrupción, así como la igualdad y no la discriminación. En el segundo caso, las empresas pueden identificar qué ODS están en capacidad de mejor impactar a través de sus servicios—alimentación, educación, salud, fuentes de energía, infraestructura, ciudades, etc.—y alinear sus metas de negocios con los ODS. De la misma forma, la responsabilidad social empresarial, más que filantropía aislada, puede estar alineada con la esencia del negocio y con los ODS relevantes. Algunas empresas gozan de legitimidad y recursos que el sector público no siempre tiene y por tanto cuentan con un poder amplio para influenciar sobre sus consumidores y clientes.
Finalmente llegamos a ti, lector, y a todos los ciudadanos que tal vez han estado escuchando más sobre los ODS últimamente sin sentirse aludidos.
Por un lado, recomiendo revisar la Guía del Vago para Salvar el Mundo, que proporciona una lista de cosas fáciles que se pueden hacer desde el sofá (compartir un tuit, no solo marcar “me gusta”); desde la casa (reciclar); y fuera del hogar (comprar productos locales). Ver https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/takeaction/. Además, para maximizar tu impacto positivo, hay ODS para todos los gustos, escoge el que más te interese o te importe. La clave es informarse, poner un #ODSenAcción, regar la voz y contagiar. Mostremos al mundo que podemos transformar Panamá, un ODS por ciudadano a la vez.
La autora es exministra de Gobierno y Embajadora de los ODS en Panamá
