Recientemente leí un nuevo libro de un profesor de Harvard de nombre Yascha Mounk, con un curioso título: El Pueblo vs Democracia, subtitulado: Por qué nuestra libertad está en peligro y cómo salvarla.
En él, hace un estudio universal del fenómeno del populismo de derechas e izquierdas que pone en peligro las democracias al irlas convirtiendo en dictaduras electorales. El caso de Trump – en Estados Unidos – es para nosotros el más obvio, pero el problema existe en Austria, Francia (que se salvó de LePen al elegir sorpresivamente a Macron), en España, Grecia, Suecia, Alemania, Italia, Rusia, Turquía, Venezuela, Nicaragua, y otros más.
Podríamos decir que en Panamá ya pasamos por Martinelli y el pueblo supo ignorar los cantos de sirena al no reelegir su partido, a pesar de las toneladas de dinero ajeno que volcó sobre el electorado y todas las megaobras que produjo para poner a la economía a volar… (y robar al por mayor). El electorado tampoco eligió al que “le tocaba del PRD”, sino al que venía en un lejano tercer puesto con la menor tesorería de todo el escenario político. Podríamos apostar entonces a que los panameños estamos vacunados contra el fenómeno populista, pero hay que recordar que la democracia nunca debe darse por hecha. Hay que luchar por ella día a día, cuesta arriba, sin descanso, con energía positiva, nunca pesimistas por las desilusiones sufridas por gente que promete y no cumple .
En la democracia todos tenemos voz, así que el proceso nunca es nítido ni sin problemas. Con todos sus problemas, la democracia es el menos defectuoso de todos los modelos políticos. No existe una alternativa coherente. El comunismo fracasó, la teocracia islámica tiene muy poco apoyo fuera de su región. El sistema único de capitalismo de Estado, bajo la bandera de comunismo practicado por China, tiene pocas posibilidades de emularse por países que no comparten su inusual historia.
Sin embargo, a pesar de lo escrito, la democracia no está segura o estable sin elecciones libres y si no se logra que el progreso permee a todos los niveles de la población, y exista una comprobada neutralidad e independencia del sistema judicial que elimine la impunidad.
En Panamá hemos avanzado, pero estamos lejos de tener una democracia estable y segura. Tenemos un sistema electoral muy avanzado, pero una educación del siglo pasado, una polarización económica y social inaceptable, y una justicia vergonzosamente entregada al Poder Ejecutivo, lo cual produce una impunidad que es un cáncer para nuestro sistema democrático. Todo esto nos indica que tenemos grandes tareas pendientes para conservar la democracia que tanta sangre y sacrificios nos costó alcanzar.
Estamos en un ciclo vicioso en el que el dinero – mayormente mal habido – elige y continúa incrementando la corrupción e impunidad. La reforma electoral que regirá en las elecciones venideras hace esfuerzos de corrección positiva y abre un poco más la posibilidad de candidaturas independientes, pero no será suficiente. Con estas debilidades descritas nuestra democracia produce crisis institucionales como la actual entre el poder legislativo y el poder ejecutivo, que entre otras cosas tiene al poder judicial desprestigiado y colgando de un hilo – falta el reemplazo de 3 magistrados con dos más por escogerse .
La crisis afecta también - entre otras muchas cosas - la organización del Canal, cuya junta directiva también está coja. ¿Cómo se puede destrabar el cuadro peligroso actual con el menor riesgo para la democracia?
La respuesta está en ti mismo, en mí mismo, y en aquel; está en cada uno de nosotros los ciudadanos. Como los dueños que somos del poder, tenemos que mostrar nuestro poder ciudadano en las calles. ¡ Tenemos que creer en nosotros mismos! Con nuestro poder y un pacífico pero masivo y firme ¡no más! prenderemos la luz y estas cucarachas huirán del zapatazo y se comportarán como es debido.
Por allí comienza la defensa de la democracia, que sigue con exigir a los candidatos la adopción de nuestro plan – el de la ciudadanía, –en 2030. Finalmente, debemos elegir caras nuevas, frescas, jóvenes, mujeres y ¡cero reelección!
En Costa Rica más de la mitad de la nueva Asamblea está compuesta por mujeres jóvenes.
Por allí es la cosa, pero se inicia con la urgente acción de nosotros los ciudadanos.
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’