La universidad con el siglo XXI llega con la inserción de nuevas tendencias. La implementación de nuevas carreras y nuevos planes de estudios otorgan a la práctica dirigida y/o profesional, especial relevancia. Las universidades estatales panameñas en su intención de cumplir su rol como formadoras de profesionales de “alto nivel” han acogido las mismas.
Sin embargo, en lo que respecta a la práctica dirigida y/o profesional, algunas universidades requieren de un análisis sesudo sobre el estado de la cuestión, sobre todo, en lo concerniente a la relación interinstitucional que se establece entre la universidad y los centros de prácticas en sus distintos aspectos (legales, administrativos, laborales, profesionales, didácticos y hasta personales).
Así mismo, se precisa atender el componente emocional de la experiencia en dicha práctica, lo cual constituye el espejo que confronta al estudiante consigo mismo, con sus fortalezas y debilidades personales y profesionales. De hecho, la práctica dirigida y/o profesional hace aflorar sentimientos, vivencias, emociones, evoluciones, es decir, propicia, toda una revolución personal, profesional, académica e intelectual en el estudiantado.
A propósito, la tutoría y supervisión seria y orientadora constituyen ese elemento conciliador sui géneris en la conexión entre teoría y práctica, permitiendo al practicante visualizar, autoevaluar y compaginar el aprendizaje aulístico con el contexto real; o sea, lo que vive y hace en la práctica.
Efluye la temática ante experiencias un tanto desalentadoras que se vienen dando con la práctica dirigida, desde la carrera de investigación criminal y seguridad en Colón. Materia que constituye un requisito ineludible para optar por el título de técnico. Afrontar el epílogo del segundo semestre del presente año, inunda de zozobra a los estudiantes encaminados a esta primera meta académica, pues no se les ha logrado colocar.
Los esfuerzos del docente a cargo han sido ingentes, incluso comprometiendo sus propios recursos económicos. A final de cuentas, el espaldarazo de las instituciones públicas, afines con la carrera, dentro de la provincia, no se hace esperar. Los menos de 10 que han sido colocados, realizan su práctica en hoteles de la localidad o en sus lugares habituales de trabajo, aunque nada tengan que ver con la carrera.
Al parecer, el sensitivo asunto del “partenariado” interinstitucional, atiende a cuestiones de dejación administrativa por parte de la casa de estudios superiores. Ello, sumado a una especie de “malinchismo” regional por parte de directivos de nuestras instituciones públicas, que menosprecian y cuestionan lo propio, mas abren espacios para practicantes de otras provincias (Panamá), amordazando la escuálida “cultura de práctica profesional” en la provincia.
Ampararse en el pretexto de decir que los estudiantes son mal preparados, resulta irónico, pues la mayoría de los docentes dentro de la carrera, son funcionarios de las mismas instituciones públicas afines, que luego los rechazan.
En suma, la práctica dirigida y/o profesional constituye ese momento exclusivo en que la formación universitaria incide en la dimensión personal del practicante, por tanto, exige un compromiso de colaboración interinstitucional serio, organizado y garantista de ese relevo generacional eficiente y eficaz que Colón merece.
El autor es docente