CAíDA DEL MURO

Praga treinta años después

Praga treinta años después
Praga treinta años después

Emplazada en el corazón de Europa, la capital de la República Checa: Praga, ha sido el escenario geográfico de diversos acontecimientos históricos y culturales que han definido el nacionalismo de todo un pueblo y, han creado los cimientos para pensamientos que han revolucionado las creencias del ser humano. En su historiografía, fue el asentamiento de tribus celtas, luego el hogar de los reyes de Bohemia, en sus fulgores medievales fue el más grande centro del Santo Imperio y, después de Roma, la segunda más importante metrópoli del cristianismo. El valle de Praga a su vez fue el vientre de las revoluciones husitas, luego lugar de disputas durante el apogeo del imperio Austrohúngaro (1867-1918) y durante el siglo XX capital de la desaparecida Checoslovaquia (1918-1993). Praga y toda la extensión territorial de la cual fue su capital durante el siglo pasado, fue el jardín de ocupación de húngaros, austriacos y rusos durante la Primera Guerra Mundial, y posteriormente de los Nazis durante la segunda Gran Guerra, consolidándose durante la Guerra Fría como parte del bloque socialista.

La Checoslovaquia socialista, época de las largas filas por el pan y el papel de baño es el aforismo que utiliza parte de la población, luego de una encuesta a lugareños de diferentes edades, estos definen el socialismo como un gobierno de un solo partido, un gobierno de una economía central planificada, una población con límites tanto a la libertad como a la información, devastación de los valores culturales y de la propiedad. El Estado era propiedad del socialismo y para aquellos no simpatizantes con la corriente de la época enfrentaban un horizonte carente de oportunidades para crecer profesionalmente. Los cabellos de oro y plata que hoy recuerdan aquellos años tienen muy marcadas sus vivencias, recordando con claridad los sucesos de cada década. Para los encuestados la década de 1950 se caracteriza por sus juicios políticos, desapariciones, prisión y asesinatos; los años 1960 como una década de aires de liberación en aquella Primavera de Praga relajando la tensión ciudadana; como respuesta a ese intento de renacimiento la década de 1970 se caracterizó como años de reprocesamiento y normalización, lo que definió los años 1980 como una década de relanzamiento ante el poder, derribando muros y borrando las prisiones geográficas.

Luego de 30 años del inicio de aquella inquietante revolución, el terciopelo sobre el cual se tejió el espacio geográfico de una nación y tiñó los colores de aquella nueva alborada, aún se ve cubierta por trazos de aquella gris neblina que una vez se posó sobre la tierra de Wenceslao. Recientes estudios (Bartoníček, 2019) afirman que el 40% de la población actual considera el socialismo como un sistema adecuado de gobierno, lo que evidencia que los viejos idealismos aún perduran si mirar las cicatrices que quedan y las heridas que aún no cierran. Los encuestados expresan que este antes y después se visualiza en una sociedad donde la vieja escuela justifica aquel régimen como igualitario, donde todos tenían un papel en la comunidad, seguridad social, laboral, comida, servicios comunitarios y actividades culturales disponibles. Aunque la herencia del post socialismo incluye buenas leyes que favorecen al sector laboral, esto no evita que la veterana academia observe con recato aquellas libertades anheladas que hoy se han convertido en un sistema burócrata, acompañado de una consumista y competitiva población amparada bajo un techo de “débiles leyes” que favorecen a selectos grupos y le otorgan beneficios hasta aquellos que no laboran por su propio pan y dependen de las bonanzas del Estado. Parte del legado también resalta en lo que los encuestados llaman “las doradas manos checas”, el sentido por el trabajo, la base intelectual sobre la cual se apoya la sociedad y la popular creatividad de los artesanos.

La reflexión como parte de la historia, como argumento en una de las conversaciones mantenidas, siembra la pregunta ¿cuánto tiempo se necesita para que un pueblo alcance en todos los sentidos una libertad sin ataduras ni sombras? lo que lleva a la analogía entre el pueblo de Israel y sus 40 años en el desierto luego de escapar de la esclavitud, 40 años perdidos hasta encontrar la tierra de leche y miel. Así como una vez sobre el río Moldava se posaron los frescos de libertad religiosa, la libertad social nació gracias a pasadas luchas y esfuerzo que condicionaron el invernadero para el clima y colores de una histórica lucha que aun brillan en los símbolos nacionales de la joven República Checa 30 años después.

El autor es geógrafo, hidrólogo e hidrogeólogo doctorando en Cambio Climático 

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