Falta menos de un año para que se asuma la decisión de intervenir, conforme a los estudios realizados y otros por concluir (diseño conceptual), la Cuenca Occidental del Canal de Panamá, así como el río Bayano. En la mencionada cuenca se intervendría el río Indio, lo cual obviamente incidiría ambientalmente, toda o buena parte de su zona circundante y, consecuentemente, sus poblaciones asentadas al margen.
El río Indio nace detrás de El Valle, provincia de Coclé, la longitud de su cauce principal es de 98 kilómetros y su superficie se calcula en 585 km2, con desembocadura en el mar Caribe. A su paso, desde su cabecera, incide además de Coclé, las provincias de Panamá y Colón, específicamente a los distritos de Antón, Penonomé, Capira y Chagres. Y dentro de estos distritos, con diversos corregimientos con una pluralidad de poblados y asentamientos.
La ampliación del Canal de Panamá conllevó necesariamente a una mayor necesidad del recurso agua, a pesar de las tinas reutilizables. El crecimiento de la población de la capital y el área metropolitana, presionaron por un aumento del volumen de agua para consumo humano, así como también para atender las necesidades de este recurso para la expansión industrial. Se estima que la población panameña dependiente de los embalses de Gatún y Alajuela está consumiendo diariamente 350 millones de galones de agua. Existe entonces una competencia entre la población metropolitana y el Canal de Panamá por el recurso agua dulce. ¿Hasta cuánto pueden soportar los embalses mencionados, suplir a satisfacción la demanda creciente de este recurso? Conforme a los diversos estudios, hace rato estamos en el límite, y de continuar así, si no remediamos en el corto plazo, se tendrá un serio conflicto.
Para atender la anterior emergencia, el Estado panameño conformó en agosto de 2015, un amplio grupo interinstitucional, del cual derivó la Comisión de Alto Nivel de Seguridad Hídrica. Esta Comisión impulsó, entre otras ideas, la importancia de aprovechar las aguas del río Indio y otras cuencas. En su momento, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), con mucha previsión, auspició diversos estudios entre los cuales se incluyó la cuenca del río Indio, como potencial abastecedor de agua al lago Gatún.
¿Habrá oportunidad de preservar el río Indio, su naturaleza y belleza, y evitar su intervención? La historia es la más grande maestra en enseñanza. El funcionamiento del Canal de Panamá, a partir de 1914, se debió en buena medida a la intervención del majestuoso e histórico río Chagres. De servir por siglos a las necesidades de los grupos autóctonos de la época y, con la llegada de los hispanos, como vía acuática de apoyo a la travesía del Istmo, que hizo posible el descubrimiento del océano Pacífico, la fundación de la ciudad de Panamá, la conquista de imperios en los mares del Sur y medio por donde transitaron las fabulosas riquezas auríferas hacia su posterior embarque en el Caribe, con destino a la corona española, pasó a ser un alimentador de un lago artificial, creado para efectos de hacer operativo el nuevo canal a esclusas. Las operaciones canaleras a través de las décadas del siglo XX, continuaron “llevándose por delante”, quebradas, riachuelos y cuanta correntía de agua dulce estuviera allende a su perímetro crítico.
Para el caso que nos ocupa, resolver las apremiantes necesidades de agua, no significa desnaturalizar el entorno canalero, cuyas operaciones, cual depredador, va engullendo a través del tiempo cuanto recurso hídrico se le permita.
En esta ocasión demos oportunidad al río Indio y asumamos el proyecto del río Bayano, para efectos de apagar las sedientas necesidades de la población metropolitana y desembarazar al Gatún, de desprenderse diariamente de la provisión de agua, equivalente a siete esclusajes o tránsitos por el Canal.
La propuesta previa permitiría evitar afectar ese encanto y prodigio natural conocido como río Indio, así como sus poblados aledaños, y preservar sus potencialidades para las futuras generaciones de panameños (que se lo merecen), las cuales, estoy seguro, darían un destino más promisorio, que la de un amansado y perenne reservorio, como su vecino el río Chagres.
El autor es docente universitario.
