De acuerdo con la versión más reciente de las Estadísticas Vitales del INEC, las principales causas de muerte en la República de Panamá durante 2017 fueron las enfermedades del sistema circulatorio, los tumores (neoplasias) malignos, las causas externas de mortalidad (principalmente homicidios y accidentes de tránsito), la diabetes mellitus, las enfermedades crónicas, vías respiratorias inferiores, la enfermedad por el VIH y las afecciones originadas en el período perinatal.
Es importante subrayar que estas causas de muerte han sido las principales en los últimos cinco años, que representan el 67% de todas las defunciones, superando las 12 mil muertes cada año y, lo más importante, que la mayoría, si no todas, de estas causas de muerte son prevenibles, se pudieron evitar, o por lo menos prolongar la vida en buenas condiciones para la mayoría de los afectados.
Y esto ocurre a pesar de que en Panamá todos sabemos, tanto las autoridades como la población, que los principales factores de riesgo que explican la tendencia de muertes y discapacidad por enfermedad y accidentes y violencias de todo tipo son los estilos y hábitos de vida insalubres. En especial las dietas malsanas, la inactividad física, el consumo dañino de alcohol, tabaco y drogas, y el sexo inseguro.
En este contexto, no hay excusa para la inacción o las intervenciones insuficientes, “a pesar de disponer de soluciones basadas en pruebas científicas, estamos lejos de cumplir nuestra promesa de reducir en una tercera parte la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante la prevención y el tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar. Tampoco estamos cumpliendo plenamente con nuestro compromiso político para alcanzar las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y no dejar a nadie atrás”.
No menos importante es el hecho de que las defunciones ocasionadas por afecciones originadas en el periodo perinatal forman parte de las 1,063 muertes de menores de 1 año. Esta es tres veces mayor es en las Comarcas, lo cual evidencia la persistencia de condiciones adversas de salud principalmente entre la población más pobre del país, y hace suponer que esta problemática no ha sido una prioridad real en la agenda política de nuestros gobernantes, que han estado más preocupados en construir e inaugurar edificaciones, muchas veces innecesarias y, en no pocos casos, sin equipamiento ni recursos humanos adecuados.
Pero no todo son malas noticias. Nuestro sistema de salud tiene suficientes fortalezas para enfrentar las amenazas arriba descritas. Señalo las que considero más importantes.
El sistema público de salud posee una amplia red de 915 instalaciones en todo el territorio nacional. Aunque muchas deben recibir remodelaciones y equipamiento adecuado, ahí están y tenemos los recursos financieros para repotenciarlas. Aunque poseemos suficientes recursos humanos, estos deben distribuirse de forma más equitativa para garantizar la atención de todos en todas partes.
Como si esto fuera poco, nuestro gasto público en salud supera el 6% del PIB, lo que significa que cada año, entre el Minsa y la CSS manejan más de 7 mil millones de balboas. Esta cantidad de dinero, administrada de forma eficiente y sin corrupción, es más que suficiente cantidad de dinero para el desarrollo de un modelo de atención integral que privilegie la promoción de la salud y el fomento de estilos de vida saludables, así como la rehabilitación de las instituciones que lo necesitan, la compra de equipos, medicamentos e insumos que necesitan los panameños.
Adicional a las fortalezas arriba señaladas, las próximas autoridades de salud tendrán a su alcance toda la información científica necesaria para ayudar en la formulación de los planes de salud. Ahí está el “Libro Blanco para la transformación del sistema de salud”, producto del esfuerzo de especialistas panameños; así como la “Agenda de Salud Sostenible para las Américas 2018-2030”, aprobada por los ministros de salud de las Américas, reunidos en la 29va Conferencia Sanitaria Panamericana. Adicionalmente, tenemos disponible la cooperación técnica internacional y la posibilidad de convenios con otros países de la región.
Pero antes que todo, los panameños tenemos que vencer la apatía e indiferencia que nos caracteriza, y aprovechar las elecciones que se llevarán a cabo en mayo de 2019, para elegir los mejores hombres y mujeres del país para que nos dirijan como necesitamos en los próximos cinco años. Así que ya lo sabes conciudadano, no nos equivoquemos y hagamos valer la oportunidad para salvar nuestra democracia, y nuestro país.
El autor es ciudadano
