Panamá es un país privilegiado por su posición geográfica y la cantidad de recursos naturales que tiene, pero como Estado, ¿estamos protegiendo nuestro ambiente? Según el Ministerio de Ambiente, su misión es “determinar políticas para la conservación, protección y restauración del medio ambiente y para el aprovechamiento participativo y sostenible de los recursos naturales”.
Es claro que conservar, proteger y restaurar el medio ambiente es responsabilidad de todos los panameños, quienes debemos tomar conciencia de las acciones que realizamos diariamente y que perjudican nuestros recursos.
En las fronteras de Panamá con las repúblicas de Colombia y Costa Rica existen áreas protegidas reconocidas por la Unesco, como el Parque Internacional La Amistad y el Parque Nacional Darién, patrimonio mundial y reserva de la biósfera. Ambas áreas protegidas enfrentan amenazas similares de caza ilegal, la tala descontrolada y la expansión de la frontera agrícola.
Según el Ministerio de Ambiente, cada año son talados en todo el país, 110 mil metros cúbicos de madera, de los cuales 50 mil metros cúbicos son deforestados ilegalmente. Darién es la principal fuente de esta madera ilegal.
Por esta razón debemos promover la conservación de especies emblemáticas en la provincia como el jaguar y el águila harpía. Existe una organización formada por empresarios y profesionales, sin fines de lucro y apolítica denominada Asociación Nacional de Reforestadores y Afines de Panamá (Anarap), que tiene como objetivo promover la reforestación, revirtiendo de esta forma el proceso de deforestación y asegurando un abastecimiento sostenido de productos forestales.
Este tipo de agrupación ayuda a crear una cultura en los inversionistas a manera de cuidar y proteger el medio ambiente a través de la reforestación. Este es un pilar del plan de gobierno de nuestro nuevo presidente, y que como panameños esperamos que cumpla, principalmente con el “Programa Nacional de Reforestación”, que tal como la agrupación Anarap, contribuye al cuidado del medio ambiente y bienestar de las futuras generaciones para que puedan seguir disfrutando de nuestros recursos naturales.
El autor es estudiante de maestría de la UIP