ATENCIóN TOTAL

Psicología positiva: tiempo de calidad

Cuatro personas en una farmacia, nadie nos atendía. La dependiente escondida, chateaba por celular. Tanta indolencia me dejó perplejo por su falta de calidad en el trato.

Después de la convalecencia de una operación de columna, fui a un Congreso Mundial de Psicología en Perú. Al llegar supe  del tema del gran encuentro de cinco días. “La felicidad, el optimismo y el autocuidado: tiempo de calidad”. Me sorprendió el asunto, hasta que me explicaron que se trataba de la nueva corriente de psicología positiva: “ser feliz y hacer felices a los que nos rodean”, como misión primordial en la vida; produciendo endorfinas: sustancias cerebrales de sensaciones agradables (que están en alimentos como el chocolate).

Cuando regresan los padres a sus hogares, al final del día, usualmente vienen cargados de estrés, por presiones vehiculares y laborales. Al entrar a la casa, comienzan a descargar esa tensión en los hijos pequeños, que desconocen las vicisitudes de su día. “¡Todavía no te has quitado el uniforme!”; “¡apaga esa televisión, si no has hecho tus tareas!”, y otros reproches, cargados de fastidio. Ellos, en vez de alegrarse por verlos, piensan: “¡huye, que viene mi papá!”, “¡escóndete, que llegó furiosa mamá!”, sin entender por qué, creando la idea errónea de lo terrible de trabajar, que convierte a nuestros papás y mamás en ogros.

Al regresar del congreso, aprendí a dar tiempo de calidad a mis hijos y clientes: me agacho a su altura, les doy la mano o los abrazo, escucho lo que dicen y hago paráfrasis (repito parte de lo que me dicen; lo cual crea la certeza de haber sido oído). “Papá metí un gol”. “Un gol, te felicito”. “El perro se salió”. “¿Se salió? Hay que cerrar bien”. “Necesito un cuaderno de dibujo”. “¿De dibujo? Ahora salimos a comprarlo”.

Muchos adultos, que han tomado mis seminarios, me agradecen la nueva relación con sus hijos, al darles tiempo de calidad; háganlo y sentirán la magia de la atención total.

Un joven gerente que habitualmente llegaba regañando a sus hijos preadolescentes, como tarea de un seminario , usó esta técnica, llegando cariñoso, repitiendo palabras y abrazando a los hijos, por lo que la esposa le dijo asombrada, “¡te botaron del trabajo! ¡Vienes demasiado cariñoso hoy!”.

El autor es psicólogo, docente y escritor.

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