Estados Unidos de América necesita con urgencia un estadista como mandatario de la primera potencia mundial.
Donald Trump demuestra su ineptitud en el manejo de la crisis con Corea del Norte y ante la devastación de Puerto Rico por el huracán María pone en evidencia el desprecio que siente por los latinos.
Puerto Rico es una colonia estadounidense. Aquí en Panamá los soldados de la Isla del Encanto fueron usados como conejillos de indias en las pruebas que hicieron con las armas químicas; hace unas semanas vimos con horror los videos que se presentaron por la televisión local de cómo esos seres humanos fueron expuestos desnudos en las pruebas que se hicieron con los gases nocivos en Panamá.
La isla de Vieques fue bombardeada durante años por la aviación y marina de Estados Unidos, era su campo de experimentación de las nuevas armas. Miles de soldados de Puerto Rico murieron en las guerras del imperio de Wall Street en los conflictos bélicos de USA en los siglos XX y XXI. Los soldados de Puerto Rico —como los negros— eran la carne de cañón de los generales norteamericanos.
Hoy, esa nación hermana sufre la destrucción despiadada de una naturaleza que grita con violencia las consecuencias de un cambio climático apocalíptico. Pero Donald Trump, el empresario que se jactó de no pagar impuestos al tesoro de su país, es indiferente a la tragedia de Puerto Rico. Un estadista reaccionaría con un Plan Marshall como el que Estados Unidos desarrolló en Europa al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
El Coloso del Norte tiene los recursos y tecnología para socorrer inmediatamente al pueblo de Puerto Rico. Lo que ocurre es que el tal Donald es como los conquistadores españoles, que discutían si los aborígenes tenían alma para exterminarlos. Donald dice que es cristiano, que está contra el aborto, etc. Si la comunidad de Puerto Rico es cristiana, ¿por qué no los ayuda? ¿Es que esos seres humanos carecen de alma?
La verdad es otra: Donald Trump, para vergüenza del noble pueblo de la patria de Jefferson, Lincoln, Luther King, es un racista, odia a los latinos, negros y otras minorías de ese gran país.
Donald ofende la tradición de una nación de inmigrantes que acogió a los desamparados de distintas latitudes.
Donald Trump será derrocado por su propio partido, su incapacidad para gobernar es pública y notoria, quedará en el recuerdo del pueblo estadounidense como una pesadilla que atormentó a la nación de Benjamín Franklin y Thomas Paine.
Latinoamérica cerrará filas con los hermanos del gran Borinquen.
El autor es escritor