La bitácora jaquense le interesó a mi amigo Rafael Murgas Torrazza y me comentó una anécdota de su hermana Nelly Murgas con Omar Torrijos. El líder castrense visitó Puerto Piñas, en la provincia de Darién, muy cerca de Jaqué.
Omar le propone a Nelly que atienda una escuela de seis grados y haga trabajos comunitarios en la comunidad de Puerto Piña.
Nelly acepta el reto y en su viaje al litoral del Pacífico, Omar decide visitar Jaqué.
La boca del río darienita es una zona peligrosa por los vientos del oeste, los cuales provocan intensos oleajes que chocan con violencia con un risco el cual es como un centinela de la mítica región. El asunto es grave pues hay un canelón de arena que dificulta la entrada y salida de las embarcaciones. Los jaquenses conocen la velocidad de las olas y el momento preciso para maniobrar en la boca de la muerte.
Los pescadores de Jaqué son los mejores pilotos pues se da la mágica relación del hombre con su medio, ellos calculan el ritmo del oleaje y su distancia, eso lo hacía Pitágoras. El que maneja la lancha desconoce cómo hacerlo y es impactada por una ola, Omar cae de rodillas, cometió el error de ir de pie. Éxclama: “He dicho que nunca de rodillas y hoy lo estoy frente a Jaqué”.
Se pone a rezarle a santa Dorotea, patrona de Puerto Piña. Aclaro, en Darién, el imaginario carece de límites. Dorotea no es una santa, es una reina europea. Un alemán al llegar a Puerto Piña le hace un monumento y los moradores del pueblo inventan que la tal Dorotea hace milagros y Omar se creyó el cuento.
El realismo mágico de la hermosa región enamoró a Nelly.
El autor es escritor