¿Recuerdan cuando éramos felices y no lo sabíamos? Se preguntó el venezolano Ricardo Hausmann, profesor de economía de Harvard. Como estudiante de quinto año de la Academia Interamericana e hijo de una autoridad del gobierno saliente, considero prudente una breve reflexión. Hace cinco años, mi familia estuvo frente a la decisión de sumarse o no a la nómina de Juan Carlos Varela para llegar a la Presidencia de la República. Medía un pie menos, estaba en sexto grado y tenía un entendimiento superficial de lo que era en verdad la vida pública. Claro, inocentemente, pensé que sería emocionante y divertido, que viendo en retrospectiva, lo fue, de hecho. Pasé de querer ser presidente algún día a detestar lo ingrato que podía ser esta nueva realidad y finalmente a ver la nobleza en la vida pública.
En estos últimos cinco años, viví lo que es ver a un familiar trabajar con convicción en la lucha por lo que cree correcto; pero, al mismo tiempo, viví lo que es para el funcionario levantarse todos los días para enfrentar críticas y ataques, viví para escuchar cuestionamientos constantes sobre decisiones tomadas, viví para darme cuenta de lo fácil que es criticar, y mucho más, viví lo difícil que es hacer. Si bien es cierto que la gestión no fue perfecta y nunca existirá una tal cual; creo que sí hay espacio para mejorar profundamente como personas. No se trata de llamar al conformismo ni mucho menos. Se trata de aplaudir y criticar.
Con gobiernos entrando y saliendo de diferentes partidos, en plena democracia, debemos preguntarnos quién es el que realmente debe autoexaminarse. Vivimos en un Panamá en el que el que critica el sistema es el mismo que le pagó al policía para evitar una multa, que se saltó una fila o simplemente decidió no votar. Hay que preguntarnos, ¿estamos siendo ciudadanos que promueven el progreso? O, más bien, ¿que criticamos pensando que nos las sabemos todas? Nos quejamos de quienes están en la vida pública, ¿pero cuántos de nosotros diríamos que no si se nos ofrece una posición dentro de ella?
En vista de lo vivido y la pronta toma de posesión del presidente electo, hago un humilde llamado a la unidad. La unidad de forma que entendamos que al final del día todos debemos querer lo mismo para Panamá. Queremos un Panamá próspero, democrático y libre. Vivimos una época en la que creemos lo que sea que veamos en Twitter, en la que destruimos la integridad de cualquiera a manos de subjetividad pura y en la que todos queremos cambio, pero realmente, ¿quiénes estamos dispuestos a cambiar?
Hechos y realidades que me llevan a la frase de Ricardo Hausmann. Una frase dicha sobre una Venezuela que sufre una crisis humanitaria severa, un poder ejecutivo usurpado e irónicamente un país con un enorme potencial. No solo Venezuela, tantos países que históricamente cayeron en manos terribles por el descontento irracional e irresponsable. Un descontento que insta a mayorías protestando por cambios radicales.
Una vez más, reitero, no se trata de conformarnos. Todo ciudadano debe exigir efectividad, honestidad, transparencia y más. Se trata de criticar constructivamente, presentar proyectos, informarse objetivamente y aportar. De lo contrario, ahuyentamos a aquellas personas honestas a involucrarse en la vida pública. Las ahuyentamos con esas críticas sin contenido y sustancia, lo que hace de la vida pública un enorme sacrificio. Creo en el funcionario honesto, capaz y trabajador, aquel que cumple las cualidades de la nobleza en la vida pública. Aquel que se acuesta a dormir con una conciencia tranquila.
En cuanto al gobierno entrante: ¡éxito! No apoyo a ningún partido, amigo o familiar. Apoyaré a todo aquel que represente las cualidades de la nobleza en la vida pública. No le deseo al gobierno entrante años difíciles por lo mencionado ni que pasen por lo que otros honestos han pasado. Eso sí, ahí estaremos para exigir una correcta ejecución de todo lo que se propongan en el mejor beneficio del país. Hayas votado por quien sea, recuerda, ahora somos parte del mismo equipo. Nos llamamos Panamá y somos uno.
Hago este humilde llamado a la unidad, para que reconozcamos la bendición de vivir en un Panamá democrático y libre. Seamos constructores del progreso. Cuántos quisiéramos preguntarnos en 10, 20 o 30 años lo que una vez fue Panamá, o desde otra perspectiva, lo que se preguntó el ilustre Ricardo Hausmann: ¿recuerdan cuando éramos felices y no lo sabíamos?
El autor es estudiante