ÁREAS REVERTIDAS

¿Reivindican la lucha soberana?

La lucha histórica por la reversión del canal, que culminó un 31 de diciembre de 1999, posiblemente representó el mayor triunfo histórico de nuestra era republicana, al redimir en alguna medida, las vidas de compatriotas indignados por no poder izar nuestro pabellón tricolor en “la zona”, a mediados de los 60.

Los hechos del 9 de enero nos recuerdan cada año lo duro que fue para los panameños de la época, el sentimiento de impotencia y hartazgo que detonó las sangrientas vicisitudes de esta gesta patriótica, algo que, con la reversión y una plena soberanía, nunca más debería repetirse.

Sin embargo, aquella gesta histórica no es el fin de la influencia yanqui en el istmo. Si bien es cierto, Estados Unidos, país con el cual nos unen lazos históricos, es uno de los usuarios más importantes de la vía interoceánica, aún influye de manera tremenda en las decisiones de nuestro país. La invasión del 20 de diciembre de 1989, es quizás el acontecimiento más doloroso y hasta menospreciado, que en la época republicana nos ha tocado vivir y cuyo brazo ejecutor fue el Comando Sur de la nación norteamericana.

Una invasión que, aunque se quiera cuestionar el papel trascendental que jugó en nuestra vuelta a la democracia, al liberarnos de la dictadura de Manuel Antonio Noriega, fue sumamente positiva, pero, ¿A qué costo? El de muchas vidas que hasta el día de hoy no se les ha hecho justicia. La misma invasión en la cual hasta se probó equipo militar de última generación, en aquel entonces.

Un hecho que 30 años después, se le intenta dar reconocimiento como un día de luto nacional, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, por temor de los empresarios a tener en su calendario una fecha más en la cual tendrían que pagar dos tiempos y medio adicionales. Y si examinamos la historia reciente, no es un secreto que funcionarios del más alto rango como el jefe de la diplomacia del coloso del norte, Mike Pompeo, han visitado Panamá para hablar de cooperación estratégica en temas como Venezuela y Nicaragua, crisis políticas que a pesar de estar físicamente distantes, golpean a toda la región y mucho más allá con asuntos que van desde conflictos diplomáticos, pasando por una migración incontrolable hasta muertes de las cuales dichas dictaduras no se harán responsables.

Por otro lado, la anterior administración tuvo su mirada puesta en China, con la que recientemente se han establecido relaciones y que disimuladamente, por medio de proyectos y acuerdos económicos, va a tener una muy fuerte influencia en el istmo, todo por el ímpetu de un gobierno que no demostró tener una estrategia clara en materia de relaciones exteriores y que encontró en el país asiático, una nueva forma de influencia, que a la gran mayoría de los ciudadanos aún no nos queda clara.

El colonialismo no es un concepto que se remite a los tiempos de la conquista. Existe el colonialismo ideológico, religioso, político, económico y de una infinidad de formas que aún desconocemos. Pero todas ellas son colonialismo, al fin y al cabo.

La verdadera soberanía está en el no control pleno de nuestras ideas, cultura, preferencias y deseos. Pero por no buscar por nosotros mismos nuestro propio devenir histórico, nos hemos vuelto influenciables por las redes sociales, las tendencias, lo que dicen los medios, es decir, carecemos de pleno criterio. Una lucha individual que se suma a la imagen que afuera tienen de nuestro terruño, con listas negras, grises y del color que usted prefiera, así como por papeles de una firma de abogados que en nada nos representan.

Mientras las influencias foráneas nos dictan qué, cómo, cuándo y quién debe hacer las cosas, no seremos plenamente libres. Sólo las áreas revertidas por las que tanto se luchó, hasta con la vida, son una muestra de que sí podemos controlar nuestro destino, si nos lo proponemos.

Pero la soberanía plena la alcanzaremos cuando nadie controle la forma en que pensamos y llevamos adelante nuestra nación hacia las nuevas oportunidades que están allá afuera en este mundo globalizado.

La reversión del canal es fiel testimonio de que hacer patria es luchar por nuestra plena soberanía.

La autora es estudiante de maestría en la UIP 

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