Emigrante: Que se traslada a un país de manera temporal.
Despotricar: Criticar desconsiderada e irrespetuosamente a alguien o algo.
Curul: Asiento que ocupa un parlamentario en una cámara legislativa.
Insultar: Dirigir a alguien palabras o gestos ofensivos.
Difamar: Ofender la reputación de una persona con declaraciones o por escrito públicos, diciendo cosas relativas a su moral o su honradez que perjudican su buena fama.
Comedida: Que actúa con cortesía, con moderación.
Medir con el mismo rasero: Tratar con igualdad.
Ímpetu: Energía que domina la manera de actuar de una persona
Dignidad: Estima que una persona tiene de sí misma por la que se considera merecedora del respeto de los demás.
Orgullo: Sentimiento elevado de la dignidad personal.
Tacto: Delicadeza, prudencia.
Soy nieto de un emigrante peruano, Federico Zentner, que se radicó en Chitré, Herrera, donde formó una familia con mi abuela Eudocia Rodríguez. Él trabajó como médico en Santiago, Veraguas, durante muchos años. Nunca fue una carga para el Estado. Su hijo y cuatro de sus hijas incursionaron en la educación. Cinco educadores que dieron de sí lo mejor, formando niños y jóvenes que, con el tiempo, hicieron gala de ser muy buenos ciudadanos.
Menciono lo anterior porque hace algunos días escuché a la licenciada Zulay Rodríguez Lu despotricar contra los emigrantes venezolanos que han llegado a Panamá. ¡Qué sorpresa! Una dama hablando en esos términos y anunciando la presentación de reformas a la ley de migración. Me vino a la memoria una enseñanza que me dieron, primero en mi hogar y luego, en la escuela: para que te respeten, tienes que respetar.
Pero no es la primera vez que esto ocurre. En la Asamblea Nacional, donde la licenciada Rodríguez ocupa una curul, la he oído gritar, insultar, difamar a colegas y funcionarios públicos, sin que se le haya hecho siquiera un llamado de atención por parte de quien dirige la sesión. Ha hablado de tener pruebas de las acusaciones, pero desconozco si las ha presentado ante las autoridades competentes para que se inicie una investigación.
La escuché decir que un niño, hijo de venezolanos, golpeó a un hijo suyo en la escuela a la que los dos asisten, pero no he oído que haya presentado una denuncia, porque este acto merece un castigo.
Señora Rodríguez, usted es abogada y conoce qué hacer en esos casos, pero debe actuar en forma comedida, sin permitir que la emoción del momento la domine y no actúe como si estuviera participando de una pelea de barrio.
Tengo la impresión de que, por su segundo apellido, usted. es familiar de algún emigrante chino que, buscando un futuro mejor, llegó a nuestra patria y fue acogido de buena forma. Me imagino que ese familiar hizo gala de un esfuerzo tremendo para salir adelante y trabajó duro, como lo han hecho miles de los que forman esa etnia, y convivió en paz con nosotros. Pero estoy seguro de que muchos de los emigrantes chinos tuvieron una dudosa actuación. Por estas personas no se debe generalizar y medir con el mismo rasero a los demás.
Estoy de acuerdo con su iniciativa de mejorar las regulaciones existentes para que los emigrantes las cumplan y permanezcan en nuestro país en forma ordenada, legalmente.
Le sugiero, y lo hago como educador, como una persona mucho mayor que usted, como familiar de emigrantes (mi bisabuelo también emigró de Alemania a Perú), con mucho respeto, que mida su actuar en relación con los que emigran; muchos de los que están en Panamá han huido de regímenes dictatoriales y corruptos como los que hay en Cuba, Venezuela, Nicaragua y China.
Tiene el ímpetu que a muchos hace falta, es hermosa, resplandece dentro del grupo de diputados, pero ser honorable, tratamiento honorífico que se da a los que ocupan cargos como el suyo, se gana con buenas actuaciones, teniendo dignidad, orgullo, humildad y mucho tacto. Es necesario que tenga presente que el que más grita, no tiene siempre la razón.
El autor es profesor de pedagogía, jubilado.