El pasado 16 de septiembre, La Prensa publicó un artículo en opinión con el título Personalidad Limítrofe, de Alfredo Arango, que pretendía alertar a la población sobre las personas que padecen el trastorno límite de la personalidad. Me sorprendí mucho al leerlo, ya que conozco a varias personas con el trastorno límite de la personalidad y la realidad del trastorno es muy diferente a lo que se plantea.
El TLP se caracteriza por cambios de humor frecuentes, una identidad inestable, comportamientos impulsivos y dificultades en las relaciones. Las personas que lo padecen tienen dificultad para ver los puntos medios en las situaciones, ya que tienden a irse a los extremos. Sus sentimientos también son extremos y se les dificulta mantener cierta objetividad al sentir las emociones tan profundamente.
Generalmente, el TLP se genera a partir de una infancia en la que hubo alguna dificultad con el apego, algún tipo de abuso o negligencia. Estas personas suelen estar confundidas, frustradas e inseguras de sí mismas. Constantemente se cuestionan su valor, su lugar en la vida, su importancia en las relaciones.
Sin embargo, existen muchas personas con TLP que tienen relaciones estables y duraderas y mantienen un funcionamiento normal dentro de la sociedad.
Existen tratamientos que son efectivos para tratar el TLP. Psicoterapias, como la terapia basada en la mentalización, ayudan al paciente a reconocer sus síntomas y procesarlos de una forma más eficiente. También puede ser necesario el uso de medicamentos.
Para ayudar a una persona que presenta el trastorno límite de la personalidad debemos mantener la calma, no tomar como personal los comentarios doloroso que a veces hace, no responderle con agresividad y mucho menos dejarle de hablar. Es mejor ayudarla a reflexionar. Haga preguntas como: ¿qué me quisiste decir con eso? ¿existirá otra manera de comunicarnos? ¿qué tienes en mente? ¿cómo te sientes? La mayoría de las personas con este trastorno de la personalidad tiene mucha dificultad regulando sus emociones. Ayúdela a calmarse, hable usted de manera calmada y hágale notar sus emociones. Siempre trate a estas personas con respeto y empatía. Las personas con TLP son las principales víctimas de su trastorno y es importante ayudarlas a ayudarse.
La autora es psicóloga
