A los pocos meses de la salida de la pasada administración, decía un connotado periodista en su análisis matutino, que “una gran mayoría de la población piensa y hasta está de acuerdo con algunos que ‘robaron, pero hicieron”.
Hoy día, quien “robó, pero hizo” ha sido individualizado. Pudiera ser verdad, no nos consta; nos remitimos a las pruebas. Lo cierto es que esta triste y célebre expresión es ya tema de muchos memes y comentarios mordaces en las redes sociales.
Quien la inventó se la pensó bien, muy calculadamente, como quien crea un eslogan para vender un producto de forma masiva; con su hecho pensado. Influir subliminalmente en las masas.
Sumar desprevenidos, fanáticos o seguidores irreflexivos, tal como se comportan las turbas: irracionalmente. A fin de que vayamos en estampida inconscientemente a las urnas a votar por quien robo, pero hizo.
Ya lo decía Joseph Goebbels, propagandista de Adolfo Hitler: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en verdad”. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión es escasa; además, tienen gran capacidad de olvidar.
Solo de pensar que haya alguien que pueda tener ese pensamiento y hasta estar convencido de que “robó, pero hizo”, deprime, desilusiona, enferma el alma y mancilla el corazón de la patria misma.
Alguien que realce de esta manera a su gobernante o a sus autoridades, definitivamente no se quiere a sí mismo y mucho menos a su país. Cuando se llega a ese estado de podredumbre y miseria humana, lo hemos perdido todo, absolutamente todo, como persona y como ciudadano, en el amplio sentido de la palabra.
Acá en Panamá, la clase política nos mantiene “narcotizados”, como dice Danilo Toro, con ese patrón clientelista del pavo y del jamón navideño; la partida 080 y ahora más reciente con el tema del fútbol y la extradición. Desde tiempos inmemoriales nos siguen y nos seguirán dando pan y circo.
El autor es abogado