BUEN DÍA PANAMÁ

Sábado picante

He venido escuchando desde hace tiempo que los votantes tenemos la culpa de elegir a esos políticos mentirosos y maleantes, porque somos nosotros -y no otros- los que les damos el voto. Eso es cierto, pero, ¿es culpa enteramente nuestra? Debemos recordar que el sistema político panameño está hecho para que gobiernen los partidos políticos, no candidatos independientes.

¿No me creen? Imaginen a un presidente decidido a acabar con los contratos ficticios en la Asamblea Nacional o la planilla de 30 mil dólares mensuales que reciben los diputados para nombrar a su “personal de confianza”. Un par de días después, sin duda, el presidente será juzgado por la Asamblea, sin importar si es porque le pisó la cola a un gato o por atentar contra la estabilidad económica de los ciudadanos. Lo importante es que los diputados no se dejarán quitar esa chambita extra. Así que no basta con ganar la Presidencia, también debe garantizarse lo que se conoce como “gobernabilidad”, y eso implica negociar con la maleantería. Creo que hemos visto este escenario varias veces, con el agravante de que… si no puedes con los maleantes, ¡úneteles!

Volviendo a lo del voto, los electores nunca o casi nunca podemos elegir al mejor. Los partidos políticos nos hacen ofertas a las que no podemos decir no, porque es que no hay más nadie; candidatos que pertenecen a las siguientes categorías: el malo (o inepto), el muy malo (o corrupto) y el inelegible (inepto y corrupto). Entonces, nosotros tenemos que elegir al menos malo, pero casi nunca a uno bueno. Y una vez en el cargo, nos quieren hacer creer que sin ellos los problemas del país solo empeorarán, cuando es lo contrario.

Ni siquiera saben que construir hospitales sin médicos es botar la plata; que el Metro sería útil para los que poseemos carro si hubiese estacionamientos cerca de sus paradas; que no importa cuántos empresarios puedan convencer de invertir en Panamá, si no podemos ofrecerles mano de obra calificada; que no podremos disminuir el pandillerismo si los padres de los jóvenes no pasan más tiempo con ellos y menos en ese tranque infernal que nadie soluciona; que sin educación no hay desarrollo, y sin desarrollo, la pobreza seguirá arrastrando al abismo a nuestra juventud.

Desgraciadamente, la oferta de los partidos políticos es desalentadora. Y el resultado lo vemos en la Asamblea y en el Ejecutivo, y de estos dos, vemos lo que va para el Judicial. ¿Somos culpables? Ciertamente hay casos imperdonables en los que no hay duda de nuestra absoluta culpa. Pero en otros, son los partidos políticos los que deliberadamente eligen sus candidatos en función de su statu quo, pero ahora, con nuestros votos.

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