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Sábado picante

De alguna manera, los diputados creen vivir en Disneylandia y que los cuentos los inventaron ellos. Si al menos fueran creativos, pero la escasa imaginación que tienen está limitada para armar sus chanchullos chapuceros. Esta semana, corroboramos la existencia de múltiples planillas para sus negociados. La Contraloría frenó dos, incluida la 172, conocida como cash back. Su estructura es la siguiente: “A” le consigue un contrato a “B”; “B” cambia en efectivo el cheque del monto completo del contrato y se queda con un porcentaje simbólico, por tomarse estas molestias; luego “B” devuelve el dinero restante a “A”. Simple. Es que su imaginación solo da para un esquema triangular. Podrían crear estructuras más complejas, pero sin duda creen que el pentágono es el que está en Washington. Mucho menos saben de la existencia de esquemas de forma hexagonal o heptagonal, etc.

La planilla fija de la Asamblea es de mil 700 empleados; la 172 (servicios profesionales), tiene más de mil 800, y la de los diputados (080), más de 3 mil 200. Solo estas tres planillas suman unos 6 mil 700 empleados. Esto da un promedio de casi 100 servidores públicos por cada diputado. Considerando que la imaginación de nuestros legisladores se limita a proponer leyes para crear el día de la cutarra, el de la carreta, el del sancocho o el del sombrero pintao, ¿no es mucha gente a su servicio? Y, encima, con tanta gente trabajando para ellos, ninguno fue capaz de alertar a sus jefes del -¿auto?- gol que se estaban metiendo al derogar una concesión portuaria.

La presidenta de la Asamblea, Yanibel Ábrego, quiso justificar la planilla cash back. Dijo que todos los empleados contratados en esta trabajan en la provincia de Panamá. ¿Podría ser más específica? ¿En Chepo, Taboga, Chilibre o en la plaza 5 de Mayo? Y, ¿qué es exactamente lo que hacen sus 518 promotores comunales y sus 2 mil 703 promotores deportivos? Quizá nos pueda facilitar el informe mensual de lo que hacía cada uno de ellos en 2015, 2016 y 2017, porque, como dijo la propia Ábrego, sin informes no hay plata. Entonces, suponemos que en su poder hay varias decenas de miles de estos informes. Y como ella dice que es la contratante de cada uno, suponemos que lee sus informes antes de pagarles o delega esta función. Aquí esperaremos que nos lo confirme y también las copias de los informes. Pero, claro, no lo haremos sentados.

También aprovechamos para que nos explique el origen de esa nueva figura llamada “visto bueno” de la Contraloría. Todos jurábamos que esta institución refrendaba, pero, parece que nos metieron un gol con la nueva herramienta para aprobar contratos. Quizás nos pueda facilitar copia de esta norma, firmada por su autor: el señor Walt Disney.


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