Sábado picante

Hoy quiero referirme a una gran injusticia: que se compare a la Tremenda Corte con nuestra Corte Suprema de Justicia. No he escuchado ni visto un solo capítulo del programa en el que no se haya impartido justicia. Tres Patines era un simpático bribón, pero bribón, al fin y al cabo. El Tremendo Juez siempre lo condenó cuando lo merecía, y de sus sentencias no se salvó ni su mamita. Las víctimas siempre fueron favorecidas porque el Tremendo Juez, a pesar de su simpatía por Tres Patines, nunca dejó que fueran objeto de abuso.

El Tres Patines de nuestra Corte Suprema siempre se sale con la suya, lo cual ni da risa ni hay nada que celebrar en ello, salvo cuando su pandilla sale a defender  a los magistrados de la Corte diciendo que su chiste –ese al que pomposamente llaman fallo– es un acto de justicia. Difícilmente el Tremendo Juez celebraría la chapuzada esa. Y es porque en la Corte Suprema de Justicia nuestro Tres Patines tiene hermanos mellizos que piensan y actúan igual que él.

El Tremendo Juez siempre sentenció en poesía, que no era de la mejor calidad, pero justa en la mayoría de los casos. En cambio, nuestra Corte Suprema tiene una prosa que avergonzaría a Tres Patines, incluso a Cantinflas. Sus fallos son macarrónicos y disparatados, ajustados a la forma, pero divorciados de la justicia. En cambio, el Tremendo Juez, a diferencia de nuestros magistrados, sabía de justicia, honestidad y rectitud.       

También era incorruptible. Tres Patines trató varias veces de comprarlo, pero este le hacía ver claramente que no se vendía y el atrevido terminaba multado. Pero acá tenemos magistrados que tienen hasta tarifas, no solo para el fallo final, sino para los pasos previos. Y no  porque haya sido un programa de humor la Tremenda Corte estaba exenta de enseñanzas. Así que más respeto para el Tremendo Juez.

También siento simpatía por Tres Patines, no por sus fechorías, sino por su jocosidad. Siempre he relacionado el buen humor a la inteligencia, y nadie puede negar la genialidad de Tres Patines. El nuestro, por desgracia, es un mentiroso patológico, cuyas ocurrencias emanan de un cerebro en el que nunca se inauguró el proceso de sinapsis.

Observen la habilidad de Tres Patines, interpretando a un abogado: “Lo que yo quiero es ilustrar a la sala, contribuyendo así al esclarecimiento jurídico de los hechos probados en relación con la hipótesis fotogénica de la síntesis patológica y experimental de los considerandos”.  Ahora, las palabras de nuestro Tres Patines: me violan el debido proceso; soy un perseguido político. Ni el pithecantropus  era tan básico. En cuanto a nuestra Corte, si quieren llamarle de alguna forma,  parece más justo “La Banda del Choclito”. (está en Youtube).

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