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Sábado picante

Es un asunto de conciencia. Cuando los diputados fueron reelegidos en las presidencias de las federaciones deportivas, ¿en qué estaban pensando los que emitieron el voto a su favor? ¿Acaso no se enteraron de los bates de béisbol de $400 o las donaciones de cientos de miles de dólares que no llegaron a su destino? Esa dirigencia que eligió a Benicio Robinson o a Franz Wever, ¿en verdad creyeron que elegían a los mejores? ¿Pensaron en los niños que usaron como excusa para hacerle dizque donaciones o promover el deporte? ¿Qué les dijo su conciencia?

Aquí Robinson llevó la peor parte, porque, además de ser el impresentable que es, es la cabeza visible de una federación que gastó millones de dólares que aún no han podido ser justificados, al igual que ha pasado con Wever, su colega y copartidario. Pero ninguno de los dos se puso solo en el cargo: fueron elegidos por los presidentes de sus respectivas ligas provinciales… y casi sin oposición. Así que, si bien los presidentes de liga no son tan visibles en las federaciones, basta recordarles que “tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le aguanta la pata”.

Por tanto, todos ellos son tan responsables de lo que pasa o pase en sus respectivas disciplinas, tal como lo es su líder, pues no pueden alegar que ignoraban quiénes son estos sujetos. Suficiente información hay sobre ellos como para ignorarla. Entonces, ¿cuál es la excusa para elegirlos? ¿Ellos son lo mejor del deporte? ¿Alguno de ellos ha visto los famosos bates Bam Bam en las comarcas? ¿O las donaciones a los atletas de la natación? ¿Meterían al fuego sus manos por ellos?

Realmente es lamentable que presidentes de ligas provinciales actúen con tanta indiferencia cuando son ellos los que están en constante contacto con los atletas; conocen sus necesidades; sufren la falta de recursos; son los que miran pasar los millones sin decir palabra. Pero también son los que pueden hacer posible que un deportista alcance sus sueños. Pero no eligieron a los atletas. Optaron por los diputados; privilegiaron cumplir los retorcidos deseos de su respectivo presidente, dándoles la espalda a los jóvenes que ellos dicen representar.

Ahora, según ellos, el béisbol viste de gala, al igual que la natación. Tienen presidentes de lujo; incansables trabajadores; sacrificados dirigentes que no esperan nada a cambio por sus invaluables servicios a la patria y el deporte. ¿Es esto lo que les dictó su conciencia?

No lo creo. A mí lo que me parece es que los dirigentes provinciales quisieron imitar a la caperucita roja: jamás vieron a la abuelita, siempre estuvieron conscientes de sus colmillos y garras. Y, aun así, entregaron el deporte a esos lobos hambrientos. Réquiem para el deporte. Y recen para no ser sus próximas víctimas.


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