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Sábado picante

Quiero, antes que nada, aclarar que no tengo preferencia por ningún candidato. En anteriores ocasiones he planteado algunas condiciones para dar mi voto y hasta ahora no he visto que las hayan cumplido. Por lo tanto, sigo en el grupo de los indecisos tras el debate presidencial. Y quiero referirme a dos candidatos que, a mi parecer, pueden tener la mayor oportunidad de llegar al Palacio de las Garzas: Rómulo Roux (CD) y Laurentino Cortizo (PRD).

No es que les crea a los otros cinco todo lo que prometieron y dijeron, pero de ellos quizás hable más adelante. Dicho esto, empezaré por los candidatos a los que no les creo una palabra.  Roux y Cortizo  deben sus candidaturas presidenciales a diputados de sus  partidos que buscan su reelección, muchos de ellos metidos hasta los huesos en chanchullos de plata, planillas y donaciones, sin contar lo inútiles que resultaron para el país. ¿Cómo quieren que les creamos cuando hablan de transparencia o de combatir la corrupción cuando están trepados sobre los hombros de gente que debería estar presa? No pretendan dárselas de César sin, al menos, parecerlo.

El debate presidencial los desnudó a ambos. Señor Cortizo, ¿quién le ha sugerido guardar silencio frente a señalamientos que cuestionan la credibilidad de lo que promete? ¿Cree que los números de las encuestas son inamovibles, que callarse lo ayudó a ganarse a los indecisos? Y usted, señor Roux, ¿cómo puede adquirir compromisos sobre transparencia cuando se niega a enfrentar  a una fiscal del  Ministerio Público? ¿Por qué no se despoja usted mismo del fuero electoral y explica –como lo haría un hombre honesto– todo lo que aparece en el expediente Odebrecht sobre supuestos dineros que usted recibió?

Señor Cortizo, señor Roux, por lo que vemos, a uno de ustedes le tocaría nombrar a siete de los nueve magistrados en la Corte Suprema. Francamente, me da miedo pensar en quiénes serían sus candidatos. Puede que me equivoque, pero no puedo evitar pensar, al menos en el caso de CD, en  recompensas por fidelidad. ¿Alejandro Pérez? ¿Alma Cortes? ¿Camachito? No creo que quieran quedarse con Kenia Porcell, por lo que me pregunto qué harán para sacarla. ¿O es que ustedes esperan que nos comamos el cuento de que todos esos delincuentes que están detrás de ustedes no los presionarán para que se cierren sus casos  en  el Órgano  Judicial?

Antes, las candidaturas presidenciales se compraban con plata de donantes de campaña. Hoy la cosa es mucho peor: la Presidencia –como van las cosas– estará en manos de políticos corruptos que no dejarán tranquilo al nuevo inquilino de palacio hasta ver sus casos judiciales resueltos a su favor y, por supuesto,  plata–mucha plata–  en sus bolsillos. Para eso es que los  pusieron ahí.


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