OPINIóN

Sábado picante

Panamá tiene casi tres mil kilómetros de costas: mil 700 en el Pacífico y mil 300 en el Atlántico. Y de frontera a frontera, hay cientos de kilómetros de playas, sin contar los cientos de kilómetros más que se encuentran en las islas que bordean nuestras costas. Hay playas bastante cerca de la capital, por no decir que están en la misma ciudad. Pero al alcalde de nuestra muy noble ciudad de Panamá no encuentra mejor cosa que gastarse más de un centenar de millones de dólares en rescatar 1.8 kilómetros de playa que, con suerte, alguien podría bañarse en ella dentro de algunos años.A las aguas de la bahía de Panamá aún le faltan mucho por sanearse completamente, lo cual significa que bañarse ahí sería un riesgo para la salud, por lo que este proyecto está igualmente lejos de ser una prioridad en la larga lista de necesidades de la capital. Así que  no entiendo de dónde ha salido idea tan absurda, cuando aquí requerimos de más estacionamientos, de más seguridad, de una ciudad menos contaminada, bulliciosa y hostil y más agradable, con parques y espacios verdes. Pero, ¿rescatar una playa en el país de las playas?Quizás sean loables los motivos del alcalde; quizás los habitantes de la ciudad necesitan ver una playa limpia. Pero, ¿quién se bañará ahí? Las personas que viven frente a la avenida Balboa difícilmente se meterán en aguas cuyos olores han sido su tormento durante décadas. Para hacerlo, tendrá que pasar un buen tiempo. Los que viven en la periferia tienen otras opciones y muy probablemente las prefieran porque ello significa salir de esta inhóspita selva de concreto.Y de todos los problemas que tenemos en esta ciudad, ¿qué soluciona el rescate de esta playa? ¿Por qué no destina parte de ese dinero en mantener los manglares de la bahía de Panamá? ¿O para campañas de concienciación a fin de que la gente deje de arrojar basura a los ríos que luego terminan en el mar o en las playas? ¿Por qué no lo usa para promover regulaciones que incluyan inspectorías rigurosas que eviten la contaminación con aguas servidas en nuestro litoral capitalino?Hay tantas cosas que se podrían hacer con $120 millones para mejora la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, pero a este alcalde lo único que se le ocurre es que “si hay miseria, que no se note”, porque es que vivimos en una ciudad de miserias por los problemas ya planteados.Este capricho  del alcalde es como vivir en una casa construida en el borde de un barranco que se está erosionando, que tiene huecos en el techo, fugas de gas, filtraciones en paredes y pisos y con cortocircuitos en el alambrado eléctrico. Pero él está preocupado porque hay que pintar la casa. Es imperdonable su imperdonable falta de visión.

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