Sábado picante

Panamá ha crecido. La pregunta es hacia dónde. Ese crecimiento, en lugar de darle oportunidad a los que lo necesitan, creo que más bien se las roba. Los gobiernos cacarean que han sacado de la pobreza a millares de personas, pero lo que en realidad hacen es regalarle dinero. Así han creado una dependencia hacia los políticos, que en ciertas ocasiones suelen resolverles el problema de la cena navideña o el de los materiales para empezar o terminar el anexo de la casa o el de la factura eléctrica o la escuela de los hijos que, dicho sea de paso, ya era gratis antes de la dichosa “beca universal”.Los subsidios están lejos de ser la solución permanente a la pobreza. La pobreza se combate con educación, no con subsidios. Esto último crea ciudadanos que exigen que el Estado les resuelva sus problemas, sus gastos y hasta sus fiestas. La educación, en cambio, produce ciudadanos conscientes de sus propias responsabilidades en vez de ser una carga para el Estado y , sobre todo, conscientes de sus propias limitaciones, hecho este que permite enfrentarlas y solucionarlas.Pero los gobiernos prefieren la solución fácil: subsidios sin ton ni son, por cientos de millones al año. ¿Es mejor eso que saber cuántos médicos, técnicos, enfermeras o administradores requerirá la ciudad hospitalaria cuando empiece a funcionar? Queremos ser un polo de desarrollo turístico y aquí solo se acuerdan de que se necesitan hoteles. Y, ¿el personal? ¿Dónde hay un centro de estudios superiores de esa especialidad? No se acuerdan que el desarrollo turístico playero necesita de servicios básicos estables, sin los frecuentes cortes de agua y luz que tanto atormentan a empresarios, turistas y residentes.Olvidan construir y reparar calles, infraestructuras, que se requiere seriedad en la elaboración de planes a futuro y, especialmente, que se cumpla con su ejecución. Pero no, aquí todo se improvisa: hospitales sin médicos ni especialistas –con el agraviante que no se pueden traer extranjeros, pues esta profesión es reservada para nacionales– hoteles con servicios deficientes; turismo sin personal especializado. Y una educación arcaica. Nuestra educación es algo parecido a una cinta 8 track. Así de vieja, mientras que la de otros países equivale al formato de streaming.Y no veo nada que me haga pensar que algo mejorará en ese aspecto en las reformas constitucionales, salvo plata. Plata para nombrar gente, no para mejorar la calidad de la educación. Malgastamos dinero en torpezas, como si nos sobrara. Estas reformas –en esa materia- solo son otro parche. Necesitamos cambios profundos, algo que realmente nos estremezca, que nos haga despertar de ese sueño de opio de que somos un país en vías de desarrollo, cuando en realidad somos un país en vías de extinción. Y la culpa no es del político que no hizo escuelas o no nombró maestros… la culpa es nuestra, que no sabemos enfrentar nuestra realidad.

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