Transcurridas las elecciones de mayo pasado se hace necesario afrontar importantes asuntos de la comunidad general para desarrollar y fortalecer nuestra democracia que va por buen camino pero asediada por la corrupción y la desigualdad.
Escribo este artículo como simple ciudadano, sin interés que no sea el de expresar mi forma de pensar después de una vida profesional y política con aciertos, errores, omisiones y con la experiencia de ser testigo del gran avance, con retrocesos puntuales, de nuestro país y preocupado por el tipo de sociedad que le heredaré a mis hijos y nietos.
El próximo gobierno llega al poder político con el apoyo de un tercio del electorado, tal como hubiese llegado cualquiera de los siete candidatos. Así sucedió en gobiernos pasados que han dejado una huella de buena ejecución gubernamental y fortalecimiento de la democracia al lograr avances de concertación nacional, mejor que autoridades recientes que ganaron con mayor porcentaje. Le hemos demostrado al mundo que respetando la decisión del resultado electoral y sin las negociaciones clientelares y de espacios políticos de una segunda vuelta se fortalece la democracia y progresa el país,
Ante un fracaso de liquides típico de gobiernos panameñistas, una situación de tensión económica mundial que impacta nuestra economía, con organismos mundiales y regionales de control económico y financiero hostiles a métodos de nuestra economía y una deuda aumentada en más del cien por ciento en los últimos 10 años, pretender solucionar todos los grandes problemas nacionales sería pretencioso y engañoso.
El desarrollo político de los últimos años ha venido demostrando el hastío justificado de la sociedad con los políticos y la política, y esto ha fortalecido corrientes “apolíticas e independientes” de diferentes matices que han llevado a países hermanos a situaciones desesperantes que hoy presenciamos en esta región y otras latitudes. Es por esto que el mejor legado que nuestro próximo gobierno debe dejar a las futuras generaciones sería el fortalecimiento de la democracia. La fortaleza política demostrada por nuestro partido debe transitar por las vías de la concertación nacional sin claudicación de objetivos y sin que esto signifique que no debe existir oposición.
El nuevo gobierno hubiese perdido mucha imagen y muy pronto, si desde ya hubiese entrado en negociaciones con el actual gobierno y la asamblea a través de unas extemporáneas sesiones extraordinarias de la misma para tratar el tema de reformas constitucionales. El rechazo electoral a dichas estructuras de gobierno fue monstruoso.
El objetivo nacional debe ser crear todo lo necesario para una distribución social y equitativa de las riquezas que genera el país.
Para ello es necesario, entre otros cambios, la frontal lucha contra la corrupción y la certeza del castigo y fortalecer al Órgano Judicial con presupuesto designado y con magistrados de 65 años de edad en adelante, nombrados de por vida y sin intervención del Ejecutivo ni el Legislativo, más que en el escogimiento, dentro de una terna enviada por un ente supremo de carrera judicial y solamente ratificada por la Asamblea Nacional.
Es necesario reestructurar el Órgano Legislativo, y entre otros cambios necesarios, con mucho menos diputados, que estos sean nacionales, prohibir de manera absoluta el financiamiento privado en elecciones, y homologar la reelección limitada de diputados con la presidencial sin fueros ni privilegios.
Es necesario una verdadera y moderna educación, un sistema de salud único, eficiente y humano. Hay que dejar bien establecida la nueva estructura del programa de IVM de la CSS, por muy duro que políticamente sea esta. Iniciar el nuevo amanecer del agro nacional para darle aire a nuestros productores y sus regiones
Esto se debe llevar a cabo ajustando los tiempos, en los primeros 18 meses de gobierno, junto con la nueva Asamblea Nacional que, más que nadie, tiene que llenarse de mucho patriotismo.
Esto junto con un impulso inmediato a la economía, fortalecimiento del agro, agua para los usuarios y el Canal, mantenimiento de infraestructuras existentes, en ejecución, planeadas y alguna que otra nueva mega estructura, acompañándonos con mejores calificaciones económicas internacionales y con renegociación, más convenientemente, de nuestra deuda externa, seguirá haciendo crecer al país con mayor justicia social.
Es mi forma de ver sensatez, solidaridad y patriotismo.
El autor es neurocirujano
