Los escándalos políticos llenan las páginas de la actualidad y los ciudadanos están cada vez más indignados. Pero, ¿De dónde viene la corrupción? ¿Es innata al ser humano?
Las malas prácticas llevan siglos de historia. Documentos registran hechos corruptos en Egipto en 1100 a.C. Griegos y romanos tampoco se escapaban. En Roma, Cicerón reconocía que: “Quienes compran la elección a un cargo se afanan por desempeñar ese cargo de manera que pueda colmar el vacío de su patrimonio”.
Si la corrupción siempre ha existido, entonces es normal, es inherente al ser humano y por ende debe ser aceptada y soportada. ¿Estás de acuerdo?
La corrupción (mal uso del poder público para conseguir una ventaja privada ilegítima) afecta seriamente un país para obtener el desarrollo económico. Contamina la práctica gubernamental, afectando negativamente importantes determinantes del desempeño económico como la estabilidad macrofinanciera, la inversión, el desarrollo del capital humano y la productividad de los factores totales. Inclusive, cuando la corrupción sistemática (en mi humilde opinión ya en Panamá hemos alcanzado este nivel de corrupción) intoxica la mayoría de las funciones del Estado, la desconfianza en el Gobierno es tan penetrante en la sociedad, que puede también guiar a múltiples trastornos sociales.
Los costos son sustanciales. Recientemente, el FMI calculó el costo de las coimas globales en aproximadamente 2% del PIB mundial. Consideremos que coimas es solo parte de la corrupción total, cuyas formas varían, pero las más comunes son el uso ilegítimo de información privilegiada y el patrocinio, los sobornos, el tráfico de influencias, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, el compadrazgo, la cooptación, el nepotismo, la impunidad y el despotismo. También facilita a menudo otro tipo de hechos criminales como el narcotráfico, el lavado de dinero y la prostitución ilegal. El costo total económico y social de la corrupción en un país se estima entre un 5% y 15% del PIB anual . Si el PIB nominal panameño en 2016 fue $55 mil millones, entonces nuestro costo anual de corrupción oscila entre $3 mil y $8 mil millones. Caso Odebrecht en Panamá, solo menciona $50 millones, así que imagina todo lo demás que se están robando. Para un país pequeño, en vías de desarrollo, es demasiado.
Si al enterarte sobre situaciones corruptas, simplemente te das por informado, pues piénsalo nuevamente. Tan sencillo como que te están desvalijando. Analógicamente imagina que forzaran violentamente tu casa y se llevaran el dinero que tanto te ha costado ganar honradamente para el sustento y beneficio de tu familia. Pues sucede lo mismo cada vez que un abusador corrupto llega a un puesto público y se beneficia con nuestros impuestos.
Necesitamos ser más enérgicos en nuestro accionar. Si al consultar con tu conciencia (ese maestro secreto que guía nuestros pensamientos por el buen camino) confirmas que estas siendo un mero espectador ante una situación tan grave, pues considera que socialmente todos somos responsables de lo que está sucediendo. Debemos ser más participativos y expresivos en nuestro repudio a la corrupción.
El autor es Ph. D. negocios internacionales