Generalmente escuchamos “Es mejor prevenir que curar” y aquí descansan todos los programas de salud de las sociedades desarrolladas. En estos países desarrollados se hace primero una inversión en recurso humano y luego en tecnología de punta. Claro que hay que invertir en tecnología de punta, porque hay que curar a los que ya han perdido su salud, al igual que tener infraestructuras como hospitales para atender a quienes no gozan de buena salud.
La construcción o reparación de hospitales genera dos reacciones: hará feliz a la población general, que cree que esta es la solución a sus problemas de salud, y por otro lado, a los políticos que construirán monstruosas obras donde colocar sus nombres, con dinero de todos, menos de ellos. Debemos asegurarnos que estas inversiones no afecten el modelo de atención primaria, ya que los presupuestos insuficientes se desviarán a mantener estas nuevas obras.
Quizás la forma más sencilla de entenderlo es ver por doquier obras de gobiernos pasados que consiguieron dinero para construirse pero que ahora cuentan con escasos presupuestos para mantenerlas y dotarlas de insumos. Estamos convencidos de que debemos atender a todos los enfermos y las enfermedades, pero lo ideal es atender a la población sana para evitar que esta se enferme (prevención primaria), a los que se enferman, diagnosticarlos y atenderlos oportunamente (prevención secundaria) para evitar que aparezcan las complicaciones. Un ejemplo de cómo funciona es: evitar, a través de estilos de vida saludables, padecer de hipertensión y diabetes; los que ya padecen de estas enfermedades, atendámoslos oportunamente con medicamentos y tecnología apropiados para que no lleguen a una insuficiencia renal crónica que requiera la instalación de varias unidades de diálisis en el país con costos elevadísimos para el Estado. Investiguemos las quejas de los pacientes en las instalaciones de salud: largos tiempos de espera, falta de cupos, falta de medicamentos, medicamentos no efectivos, mala atención por los prestadores de servicios. Las quejas de los funcionarios de salud: falta de equipos, falta de insumos, carga de trabajo, falta de procesos efectivos y pobre contrarreferencia de los médicos especialistas a los generales para que ellos puedan controlar a los pacientes en las instalaciones primarias y evitar las largas colas en las citas con los médicos especialistas.
Lo que finalmente le solicitamos al Gobierno es que no descuidemos la atención primaria en salud, si no cumpliremos el dicho “los hospitales llenos son el fracaso de la salud”. Entonces lo importante no es construir obras, sino dotarlas con los presupuestos de funcionamiento necesarios y fortalecer la atención primaria, invertir en pruebas diagnósticas y evaluar la escasez de personal médico y técnico en el país.
El autor es médico
