Sin lugar a dudas el presidente Juan Carlos Varela parece haber llegado a nivel cero de convocatoria y credibilidad. Ya ni la compra masiva de diputados le funciona. ¡La gran mayoría -aun recibiendo de $50 mil a $70 mil mensuales– pretende presentarse como “oposición”! ¿Por qué es eso así? Por varias razones: el argumento de seguir contratando empresas comprobadamente corruptas para proteger trabajos, no se acepta. Decir que el Consejo de Seguridad no tiene injerencia en el Ministerio Público, no es creíble. Mentir y guardar silencio ante la comprobación de que su partido recibió $10 millones de Odebrecht le eliminó aquello del “gobierno honesto”.
Todo esto es así, pero lo ocurrido con la constituyente es llevar la cosa al extremo. El país tiene cuatro años o más de estar reclamando la necesidad urgente de reinstituzionalizar la nación desde su raíz constitucional, comenzando por el sistema de justicia, que está podrido hasta la médula, lo que pone en peligro la democracia. Asimismo, hay que reformar la Asamblea radicalmente, la educación requiere una modernización en el modelo de financiamiento y gestión urgentemente, la seguridad social requiere evitar la explosión que está ya cerca dividiendo a la institución, y modernizar un solo sistema eficiente de salud. La producción y distribución del agua por parte del Estado hay que recomponerla y modernizarla para que no exista ni un solo panameño sin agua ni una hora al día.
En fin, tenemos –¡con urgencia!– que reformular la institucionalidad de nuestro país para que la democracia sea efectiva y justa para toda nuestra población. ¡Antes de que sea tarde!
El presidente sugiere una quinta papeleta y hasta la posible elección de constituyentes durante las elecciones de 2019, y se escucha entonces un grito al unísono “¡no, no, no!” de casi todos los sectores, con razonamientos como: “el momento no es oportuno”, “no podemos dejar que usen la constituyente para tapar los Odebrecht, Blue Apple, Financial Pacific, robos en la Asamblea, y demás ladronerías”, “es una jugada política” y un largo etcétera.
Después de cuatro años de gritos exigiendo una constituyente, ¿cómo es posible que nos neguemos a una consulta amplia a la ciudadanía para que diga si la quiere o no? El presidente reconoce que se requiere generar un gran consenso nacional y para eso ya inició consultas con los partidos y la sociedad civil . ¿Cómo negarse a participar para influir y que salga un proyecto constituyente necesario y racional que permita un progreso sólido de nuestras instituciones, asegurando la estabilidad al país? ¡No es posible que ahora se sobreponga el “no” solo porque lo sugiere Varela!
Yo vuelvo a sacar la cabeza y opinar contra la corriente escandalosa de la mayoría que aparentemente vive y morirá con el “no” en los labios.
Mi posición es “sí, pero”. Hay que aprovechar cualquier momento que se abra para ir construyendo con ideas el método y los tiempos más eficaces para lograr un consenso nacional de tal fuerza que la Asamblea tenga que aprobar, garantizando la reinstitucionalización del Estado y la reencendida de los motores de un país moderno, participativo y justo.
La respuesta tiene que ser un gran grito “¡sí!, pero” y que con el “pero” se vaya perfeccionando el proyecto.
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’