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EDUCACIóN

Sociedades inteligentes y sanas

“El destino del país se define en las aulas de clases”. Escucho esta frase y me pregunto: ¿Realmente estamos cambiando el destino del país en las aulas? ¿Aprovechamos la gran oportunidad de que nuestros jóvenes compartan un espacio común en jornadas escolares completas?

Es inaceptable que desperdiciemos la oportunidad de transformar el destino del país debido a un problema de enfoque: la misión de la escuela no es solo desarrollar la inteligencia intelectual, sino formar la inteligencia emocional del país.

La escuela debe tener claro que su propósito trasciende la enseñanza de asignaturas. De nada sirve que contemos con jóvenes intelectualmente destacados con escasa inteligencia emocional. Se ha de introducir la escucha y la comunicación efectiva como parte del currículum escolar. El autocontrol, el liderazgo, el respeto y la empatía son imprescindibles en una sociedad global. Enseñemos a los estudiantes a saber manejar sus impulsos, respirar y escucharse a ellos mismos; entender sus necesidades; empatizar con los demás, y así mejorar su bienestar individual y colectivo en una sociedad convulsionada.

Las recientes manifestaciones en Colón, los escándalos de corrupción y hasta los conductores desesperados que recurren al pito en medio del tranque, están vinculados a un sistema formativo y a un hogar deficientes. Existe una incongruencia entre lo que nos proponemos que sea el perfil de los egresados de las escuelas y el resultado que vemos en nuestra sociedad. ¿De qué nos sirve tener graduados preparados para identificar diptongos y triptongos que no saben dialogar pacíficamente? Es evidente que se está imponiendo una sociedad que, en vez de buscar resolver conflictos comunicándose, se da el lujo de demostrar impulsos primitivos, llegando a destruir propiedad ajena y a herir a otros sin importar las consecuencias.

Cada ser humano tiene una necesidad básica de pertenecer y ser escuchado. Estamos fallando al no brindar herramientas de comunicación efectiva, que permitan empatizar, explicar y expresarnos para entendernos, y no, para hacer valer preferencias y hacer brillar egos, sobre el bien común.

Nuestra prioridad debe ser formar seres humanos que sepan ser parte de una sociedad, que puedan sumar y restar, pero que también sepan cuáles son sus valores, cómo manejar sus emociones, y que tengan herramientas de autosuperación para cumplir sus sueños. Si nuestra prioridad fuera escuchar para entender y no para responder, estoy segura de que evitaríamos desde una discusión común entre amigos, hasta el actual hacinamiento en las cárceles. Una sociedad armónica y emocionalmente sana es el objetivo. Formemos en lo intelectual, pero enfaticemos en lo emocional. Seguro que todos seremos más felices.

La autora es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación


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