VALORES

Solo para hombres

Solo para hombres
Solo para hombres

El cinismo de la izquierda, el centro y la derecha panameña llegó al límite de imbecilidad absoluta. Esta conversa no es para mujeres; este escrito es solo para hombres. No hablo del macho o del Homo sapiens, sino de aquello que es superior a nosotros mismos: el significado místico de ser hombre. No existe ni un solo momento en la historia política de este país en que podamos afirmar que “fuimos héroes” por ayudar al resto de Panamá. La decadencia es tal, que un paralítico sube a un bus, y nadie le ofrece su asiento.

Érase una vez en un pequeño lugar de Centroamérica, un país donde los hombres dejaron de ser hombres y se convirtieron en payasos que imitaban a lo que se supone es una cueva de Platón. Huelo el miedo a mi alrededor. Veo cómo nos transformamos en mutantes que buscan oro, y pierden su hombría. Sonriendo, caminamos entre sombras sin entender que otros, muchos más, dependen de nosotros.

Primero que todo, un hombre tiene valores morales, no importa si hay gais, prostitutas o de cualquier raza. Además, conserva ese “yo no sé qué” de su formación moral de “yo ayudaré”. Y no es porque sea un caballero vestido a la moda o porque tenga charreteras o diplomas colgados en el baño. Es irrelevante que seamos humildes o que nos guste el boxeo.

Nada hace a un hombre. Un hombre es una idea romántica de sí mismo. Una invención de grandeza que se consigue en la soledad intelectual; en una pelea, un poema o una biblioteca. Eso no importa. Es la inteligencia de saber que podemos robar, matar, violar y, porque me gusta, escojo ser hombre. Elijo ayudar.

Se nos olvidó que lo más importante es ayudar a aquellos que están menos capacitados. No les robamos a los niños su comida, o sus libros escolares, como los cerdos del PAN. No le robamos a los deportistas o las letrinas o los techos “de esperanza” para comprarnos una corbata de seda. Un hombre sabe serlo con un jaguar en su cochera o con una cerveza en su refrigeradora.

Hemos cambiado nuestros valores porque pensamos que otros hombres nos admirarán más por nuestro dinero o porque tenemos una mujer bella con silicona. Estamos equivocados.

Esta equivocación es funesta, perversa y destructiva. Esta forma de ver la vida, y de olvidarnos de nuestro lugar en la evolución, nos está matando rápidamente.

Ser un juez corrupto es la peor miasma que existe como hombre. Ser presidente mentiroso y cínico sigue en la escala de antivalores, y ser diputado ladrón sigue en mi lista al “¡No Valhalla!”. Sin honor, caminan erguidos, inflados con un ego de princesa rica mirando su última adquisición de oro colgando de sus muñecas. Sin entender su moral fallida, esa morisqueta de hombre que aún no entiende que su función es superior, y su propósito es el ayudar al más débil.

Podemos ver actitudes entre muchos hombres, cuando llega el momento de morir, de escoger salvar a nuestras mujeres y niños primero. Podemos recordar historias que son arquetipos universales del valor del hombre ayudando a otros frente a la adversidad. Un hombre ayuda al ser más débil. Punto. Eso es ser hombre.

Tenemos en Panamá una escasez de hombres. Nuestros hombres en la política dejaron de ser hombres para convertirse en ratas; se esconden en bufetes o detrás de sus autos. O detrás de cualquier institución de poder; algunos son religiosos, porque solo así acceden al poder que jamás conseguirían en una competencia leal, donde demostrasen quiénes realmente son. ¡Qué desperdicio de nuestra evolución! Sencillamente el hombre panameño es una especie en extinción.

Y el problema no es que no podamos adaptarnos a este sistema. El problema es que lo sabemos, y a pesar de este conocimiento interno, queremos engañar al resto, con tal de seguir con la ilusión de que aún somos hombres. Espectros, fantasmas de humo que lloran como niñas aquello perdido; eso que no supieron cultivar como hombres. “El colmo de la maldad”, murmuraba la madre de Boabdil mientras perdían Granada.

El autor es práctico del Canal

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