SISTEMA JUDICIAL

¿Soñar con una justicia igual para todos sería utópico?

¿Soñar con una justicia igual para todos sería utópico?
¿Soñar con una justicia igual para todos sería utópico?

Múltiples factores se conjugan para privar a los panameños de una verdadera justicia. Entre otros, lo corrupto que es una buena parte de los abogados de este país que alardean públicamente esa habilidad, y eunucos los otros que por laissez faire, laissez passer permiten pasivamente que se profanen los preceptos básicos del derecho y la justicia. Los fiscales que hacen gala de una ineptitud repetitiva que requiere gran esfuerzo para alcanzar ese nivel, por ser muy benevolentes, porque los hechos nos podrían hacer pensar que pudiera ser una habilidad vilmente comprada. Los jueces indignos de ocupar sus cargos, divorciados del derecho que invierten un tiempo digno de mejor causa en buscar los vericuetos en la ley para falsear los fallos, utilizando argumentos truculentos que resultan tan a contrapelo que hacen pensar que un factor poderoso ajeno al derecho los mueve.

Mucho se ha comentado que en la Corte Suprema de Justicia se venden fallos. Qué se podría esperar de esas caricaturas de jueces que cual divas de burdel se cotizan a los marchantes de acuerdo con el perfil de los casos. Esto pone en indefensión a los ciudadanos honestos de este país que no esperan tener que pagar para inclinar la balanza de la justicia a su favor si les asiste la razón.

Este sistema judicial enmarañado que favorece la corrupción tiene que ser desmantelado totalmente y traer asesoría extranjera, ya que aquí no pareciera que haya algún miembro del foro nacional que quiera alzar la cabeza y hacer los señalamientos que se requieren. Todos se han amodorrado para tener la opción de, en algún momento importante, hacer uso de esas sucias tretas y procedimientos para favorecer un pingüe negocio de algún defendido.

En este país no ha habido coima que no haya sido negociada por abogados, los cuales acomodan las leyes para salir incólumes de la miasma en que se revuelcan.

La historia se repite en espiral, decía un viejo político panameño. Hace un tiempo se enjuició a Manuel Antonio Noriega por la muerte de Hugo Spadafora, un juicio similar al reciente del señor Ricardo Martinelli. Ambos presentaron grandes similitudes tanto en proceso como en resultados. Acusadores de alta prominencia que se mandaron piezas de oratoria cosméticas sin sustancia, que por ignorancia o soberbia pensaron que inclinaban la balanza a su favor, mientras los otros jugadores fraguaron un plan con mucha antelación.

La clave fue, en ambos casos, las preguntas finales que se pactaron. ¿Mató Manuel Antonio Noriega a Hugo Spadafora? La respuesta no podía ser otra: ¡no! Porque estaba en Francia cuando se suscitó el hecho. De ahí que fuera declarado inocente.

En el otro caso, la pregunta fue: ¿tiene prueba de que Ricardo Martinelli realizó escuchas a los querellantes? La respuesta no puede ser otra: ¡no! ¡No culpable! Porque lo hicieron otros por su encargo. ¡Juristas idiotas!

El autor es ingeniero civil 

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