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DIPLOMACIA

Sueño chino sin trasnocho

Sueño chino sin trasnocho
Sueño chino sin trasnocho

China ha sufrido décadas de agitación con invasiones y guerras civiles hasta que se estableció la República Popular China en 1949, bajo el liderazgo del Partido Comunista de China. Un partido que sacó al país de su economía estropeada por la guerra, comenzó una revolución socialista, estableció el socialismo como sistema básico de China y avanzó pragmáticamente en el socialismo.

En décadas pasadas hemos presenciado la transformación social más amplia y profunda en la historia de China, revirtiendo su destino de estar en declive en tiempos modernos, para ponerlo en un firme camino hacia la prosperidad y la fuerza. En efecto, hace 40 años, con Deng Xiaoping, China inició su proceso de reforma y apertura, eliminando barreras ideológicas e institucionales para el desarrollo de la nación, emprendiendo el camino del “socialismo con peculiaridades chinas”. En 1982, China adopta su Constitución actual, la cual ha demostrado que la buena legislación satisface la demanda de los tiempos.

En 1994, el país empezó la construcción de una economía de mercado socialista, que impulsó a China a una vía de desarrollo rápida y firme. China está avanzando hacia el objetivo de construir de forma integral una sociedad modestamente acomodada para el año 2020 y emprender un nuevo viaje para convertirse en un país socialista moderno para mediados de este siglo. También está desempeñando un papel cada vez más importante para salvaguardar la paz mundial, promover la globalización económica y mejorar la gobernanza global.

Continuidad en el cambio, China no se adapta a los tiempos, sino que ahora lidera los tiempos, demostrando que para lograr su revitalización nacional le es urgente adaptarse a los tiempos, responder a su gente y tener valor para la reforma y apertura. La renovación del liderazgo de Xi Jinping confirma que la innovación del sistema es un imperativo para ajustarlo a las circunstancias de un país que se proyecta como la primera potencia económica del mundo.

Hoy en día, el crecimiento del comercio internacional tiene un ritmo acelerado, un papel más importante en la logística internacional. Con la iniciativa de la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI, conocida como “la Franja y la Ruta”, China ha logrado firmar acuerdos de cooperación con 80 países y organizaciones, acuerdos de cooperación institucionales con más de 30 países, y la construcción de 75 zonas de cooperación económica y comercial en 24 países a lo largo de la ruta. Las empresas chinas respaldadas por el poderoso Banco Asiático de Inversiones e Infraestructuras han invertido más de 50 mil millones de dólares en países a lo largo de la línea y han creado más de 200 mil empleos.

China ofrece a Latinoamérica más oportunidades en cooperación económica y financiera, sobre todo en el desarrollo portuario, carreteras y ferroviario, que son indispensables para este proyecto de intercambio comercial. Panamá, con su liderazgo portuario regional, el Canal, su hub aéreo y sus ventajas estratégicas de conectividad, adicionan el eje transversal de integrarse hacia Centroamérica con un ferrocarril, como fuera el sueño del Dr. Belisario Porras.

A principios de diciembre tendremos en Panamá la visita del presidente Xi Jinping, una oportunidad para reiterar los propósitos de atraer inversiones chinas al desarrollo social y económico del país. Parafraseando un viejo proverbio chino, “el último paso de un viaje marca el punto intermedio”, y ese es Panamá, cuyo liderazgo político está obligado a diseñar el “sueño panameño”, que requerirá del concurso de diversos sectores para alcanzar este objetivo.

No se pueden despreciar alternativas financieras con el establecimiento de bancos chinos, los más grandes del mundo. Panamá no puede mantenerse al margen de esta dinámica si pretende alcanzar un desarrollo económico y social. Panamá, consciente de sus potencialidades y debilidades, debe aprovechar la histórica oportunidad de inversiones chinas para desarrollar no solo su comercio, industrias de ensamblaje, proyectos energéticos e infraestructuras de comunicación y su sector agrícola, sino que debe capacitar su mano de obra técnica y profesional para no convertirse en una bolsa de trabajo regional de extranjeros. Un tema obligado en la agenda de ofertas electorales para 2019.

Existen dificultades en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática del país con el enfrentamiento de los órganos del Estado, mientras avanza vertiginosamente el “sueño chino” que no espera, la clase política no puede estar distraída en infructuosas disputas, sino propiciar consensos para un entendimiento nacional, capaz de diseñar estrategias inclusivas que fortalezcan la estabilidad necesaria para acometer los retos de una nación urgida en construir el “sueño panameño”.

El autor es  abogado analista internacional


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