Panamá es una historia de éxito económico. Hoy es más competitiva, rica y diversificada que hace 20 años. Apostó por sectores de punta y acertó. El flujo proyectado de inversión futura hace prever que el éxito continuará. Para garantizar que la bonanza se distribuya mejor, es indispensable invertir más y mejor en su gente.
Cultivar y hacer crecer el talento interno es hoy más desafiante. El mundo del trabajo está cambiando a una velocidad jamás vista en la historia de la humanidad. Las múltiples revoluciones tecnológicas provocan la rápida obsolescencia de los medios para desarrollar el talento humano, incluyendo, por supuesto, los sistemas tradicionales de educación y formación técnico-profesional.
Este fenómeno también genera transformaciones significativas en materia de empleo. Nuevas ocupaciones florecen, otras se extinguen.
El conjunto de saberes y habilidades que requieren nuestras sociedades para navegar con éxito hacia la nueva economía han cambiado y seguirán cambiando vertiginosamente.
Aumentar el talento de la gente y su capacidad de aprendizaje permanente, generando oportunidades equitativas de acceso a servicios de educación y formación de calidad, no solo garantiza una adopción y difusión más rápida de las nuevas tecnologías, sino también una distribución más justa de las ganancias de productividad derivadas del cambio.
La buena noticia es que la cruzada por el talento humano parece haber comenzado. Tuve el privilegio de acompañar el proceso de la Alta Comisión de Empleo, liderado por Mitradel en 2014. Me consta que hay un consenso nacional entre empleadores, trabajadores, academia y Gobierno para renovar el sistema nacional de educación técnica y formación profesional, uno de los pilares del sistema educativo.
La semilla plantada por la Alta Comisión comienza a dar frutos. Mitradel creó la unidad de inteligencia del mercado de trabajo y se ha fortalecido el sistema de orientación e intermediación laboral.
En Inadeh se está haciendo un enorme esfuerzo modernizador que incluye el mejoramiento de la prospectiva, la actualización curricular, el relanzamiento de la formación dual, nuevos modelos de gestión de sus centros regionales, alianzas con el sector privado y un considerable aumento de la matrícula. A nivel de gestión se cuenta con un plan estratégico, se ha mejorado la ejecución presupuestaria y, por primera vez en muchos años, comienza a aumentar el presupuesto que el Gobierno le asigna para operación e inversión.
Gracias al impulso de la Secretaría de Competitividad y Logística y del Mitradel, se instaló una comisión consultiva permanente en materia de formación profesional con participación de los actores clave del ecosistema educativo.
También está por iniciar, con financiamiento de la CAF y apoyo técnico de la OIT, la construcción del marco nacional de cualificaciones, una herramienta vital para la gradual integración y articulación de la oferta formativa en el país. La Presidencia también impulsó la creación del modelo de Instituto Técnico Superior de Educación (ITSE), cuyo buque insignia será el centro que actualmente se construye en Tocumen. Esta nueva oferta formativa aportará técnicos especializados en sectores particularmente dinámicos.
Todavía falta mucho, pero el comienzo es alentador. Esta batería de intervenciones cambiará Panamá para bien. De continuar por esta ruta, convirtiendo las recomendaciones de la Alta Comisión en política de Estado, el país logrará ofrecer más y mejores oportunidades para que su gente aproveche y se beneficie del crecimiento económico. La nueva Panamá no solo será impresionante por su gran Canal y portentosas torres, sino también por la creatividad y el talento de su cálida gente.
El autor es especialista de la OIT