[PANORAMA MUNDIAL]

Transiciones a la democracia

En esta época de desencanto con la clase política, 13 dirigentes de 4 continentes renuevan la esperanza, al exponer los dilemas que enfrentaron liderando la transición a la democracia.

Transiciones a la democracia
Transiciones a la democracia

Si usted nunca se ha cuestionado qué tienen en común México y Ghana, Brasil e Indonesia, España y Sudáfrica, Chile, Polonia y Filipinas, debe leer el nuevo libro de Abraham Lowenthal y Sergio Bitar, Democratic Transitions, cuya traducción al español estará disponible a principios del año próximo. El común denominador es que los nueve países pudieron transitar exitosamente de un gobierno autoritario o dictatorial a un gobierno democrático. No hay otro libro que abarque casos de cuatro continentes explorando temas y dilemas comunes a través de los dirigentes que lideraron esas transiciones.

Del libro destaco, por su enorme valor testimonial, las entrevistas a 12 expresidentes y un exprimer ministro que jugaron un papel crucial en la exitosa transición a la democracia en sus respectivos países. Trece líderes que relatan cómo, de forma gradual y consensuada entre los diversos actores políticos, económicos y sociales cada país logró hacer la transición sin violencia. No hubo receta única aplicable a todos los casos y cada uno tuvo sus propios procesos. Lo que tuvieron en común fue una visión esperanzadora de que el cambio era posible y el valor para vencer los miedos que, por lo general, conllevan toda renovación. En ningún caso se usó el viejo modelo de la rebelión armada para derrocar a la dictadura y ninguno de los 13 líderes se apropió de la figura del salvador mesiánico de la patria.

De Iberoamérica, el mexicano Ernesto Zedillo, los chilenos Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, Fernando Henrique Cardoso de Brasil, y el español Felipe González dan su visión de los hechos en extensas entrevistas. Me hubiera gustado, sin embargo, que los entrevistadores desafiaran con mayor firmeza algunas de las declaraciones de los líderes. Por citar solo un caso, me habría gustado que cuestionaran más a fondo a Felipe González sobre el tema de la memoria histórica y la amnistía, preguntarle si no haber podido establecer la verdad histórica del franquismo lastimó la transición a la democracia. Entiendo las dificultades del momento pero, lamento, el triunfo de la impunidad.

En Chile, Brasil y España no fue fácil establecer controles civiles a las fuerzas armadas, pero los mayores retos que las nacientes democracias enfrentaron fueron construir sus respectivos marcos institucionales de respeto a la Constitución y a las instituciones democráticas; respetar la división de poderes, avanzar la reforma judicial, reformar el sistema electoral, fortalecer a los partidos políticos, eliminar, en la medida de lo posible, la respuesta represiva a las exigencias de cambio de grupos inconformes y encauzar las movilizaciones sociales.

En el libro hay también útiles ensayos sobre cada uno de los casos escritos por especialistas, un bosquejo biográfico de cada uno de los entrevistados, una cronología y una bibliografía sobre el tema en cada país. Georgina Waylen escribe un capítulo innovador y necesario en el que analiza el papel de las mujeres en las transiciones democráticas y donde muestra cómo la participación de organizaciones de mujeres obligó a inscribir temas feministas en la agenda de la transición, incluyendo el tema de la igualdad de género como un asunto fundamental de derechos humanos. Por último, hay un lúcido ensayo de los autores en el que presentan los principios derivados de las entrevistas y hacen una reflexión sobre los temas más relevantes de las transiciones democráticas.

En estas épocas de desencanto casi universal de los ciudadanos con la clase política, de inseguridad frente a las bandas criminales y de desigualdad económica concluir que las transiciones democráticas de Brasil, Chile, España y México son irreversibles como los autores sostienen es arriesgado pero correcto. Los cimientos de la democracia en estos cuatro países están plantados de manera mucho más firme que en países como Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Venezuela, donde no solo no ha habido una transición real a la democracia sino un retroceso maquinado por caudillos de viejo cuño, cuyo objetivo es perpetuarse en el poder valiéndose de artimañas para ganar elecciones, y actuar sin contrapesos judiciales y legislativos restringiendo libertades fundamentales como la de expresión, de prensa o de asociación.


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