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EPIDEMIOLOGíA

Tuberculosis: un retrato hablado

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa producida por una bacteria llamada Mycobacterium tuberculosis. Esta bacteria puede afectar varios órganos del cuerpo, en especial, los que tienen altas concentraciones de oxígeno como los pulmones, el cerebro, huesos como las vértebras y los extremos de los huesos largos, el riñón, la piel y los ganglios linfáticos. La infección a nivel pulmonar suele ser la más frecuente. Por eso, la infección se divide en dos grandes grupos: la tuberculosis pulmonar y la extrapulmonar.

Cualquier persona puede enfermar con tuberculosis. Sin embargo, ocurre con mayor frecuencia si hay algún grado de compromiso del sistema inmunológico. Así, por ejemplo, enfermedades crónicas como la diabetes, insuficiencia renal, falla cardiaca, desnutrición, cáncer, infección por VIH o el uso crónico de medicamentos inmunosupresores como esteroides u otros, contribuyen al desarrollo de la tuberculosis.

Antes de 1943 era muy probable morir de tuberculosis. Desde entonces, el descubrimiento de la estreptomicina y otros antibióticos durante las décadas de 1950 y 1960 permite curar la gran mayoría de los casos. Solo se requiere un diagnóstico temprano y que el paciente complete el tratamiento de seis meses. La tuberculosis resistente requiere de 24 meses de terapia y esta incluye medicamentos orales e inyectables o intravenosos. Recientemente, los científicos han desarrollado nuevos medicamentos con mayor eficacia, que permiten acortar los tiempos de tratamientos de tuberculosis latente o resistente a múltiples medicamentos.

Al contrario de lo que muchos creen, la tuberculosis es una enfermedad bastante frecuente. En Panamá, por ejemplo, se diagnostican más de 1,800 casos nuevos por año. La mayoría de los casos están ubicados en la ciudad de Panamá, Colón y las comarcas indígenas.

El diagnóstico de la tuberculosis no es complicado. Básicamente, consiste en confirmar la presencia de la mycobacteria en esputo por frotis y/o cultivo. Inclusive, los científicos han desarrollado metodologías para la detección del ADN bacteriano, que permiten obtener un diagnóstico en menos de tres horas. Si no expectora se requerirá una broncoscopia para tomar un lavado bronquial y/o biopsia del tejido pulmonar.

Para la tuberculosis extrapulmonar existen otros métodos diagnósticos que incluyen biopsia del tejido o medir biomarcadores en fluidos de los órganos afectados. Lo más importante es el diagnóstico temprano. Por eso, todo paciente con tos por más de dos semanas, fiebre en las tardes-noche y pérdida de peso debe consultar con su médico.

La autora es especialista en Neumología y Medicina Interna, Cediter y miembro del Movimiento Ciencia en Panamá.


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