CIUDAD DE PANAMÁ

Urbanismo

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Urbanismo

Para comprender la complejidad de los problemas urbanísticos que padece la ciudad de Panamá debemos primero entender el impacto revolucionario que tuvo el automóvil sobre la humanidad.

Por un lado, el automóvil nos facilitó innumerables adelantos y beneficios. Sin embargo, también ha causado numerosos estragos al diario vivir en nuestros centros urbanos. Los impactos negativos, aunque distintos en cada caso, se pueden apreciar tanto en las antiguas ciudades del mundo, como en aquellas mayormente desarrolladas después del advenimiento del automóvil.

Antes del siglo 20, tanto la escala humana como nuestra limitación motora, determinaban cada aspecto urbano de nuestros poblados y ciudades. Así fue por milenios, hasta que nació el automóvil y lo transformó todo. Un ejemplo local es la profunda diferencia urbanística que existe entre nuestro Casco Antiguo y el resto de la ciudad. Un sector tan peculiar, precisamente, porque es la única parte de la ciudad de Panamá diseñada y desarrollada antes del automóvil. Tenemos entonces, un claro antes y después que nos sirve para estudio.

El humano siempre se transportó a pie, bicicleta, sobre animales o carretas. Todos estos métodos tienen sus limitaciones de velocidad y distancia muy similares al del ser humano a pie; ninguno impide mayormente la intercomunicación constante entre seres humanos en movimiento. El automóvil, con su hermeticidad, velocidad e inercia, representa la antítesis de todo lo antes expresado.

Con el incremento de velocidad vino la distancia, no solo entre límites extremos de una ciudad, sino entre los ciudadanos entre sí. Conversaciones esporádicas en esquinas de calles fueron mutando a silenciosas miradas de carro a carro. Nos fuimos convirtiendo en extraños entre vecinos.

Históricamente, los vecindarios contenían usos mixtos suficientes para suplir necesidades habitacionales, laborales, de consumo y esparcimiento. Dentro de un radio de cinco minutos caminando, encontrábamos casi todo lo que requeríamos para vivir. Pero si medimos comodidad en torno a minutos, esto convierte la distancia en algo relativo, qué tan lejos puedo llegar en cinco minutos a pie? ¿Y en un Ford Modelo-T? Un tanto más.

El valor innegable del auto fue tomando cada vez más fuerza y se tomó las ciudades, las mentes de planificadores y desarrolladores. Sus bondades se imponen a sus efectos negativos y una vez se torna ubicuo, el impulso de diseñar con el automóvil como prioridad, infecta a gobiernos y desarrolladores.

El complejo reto para urbanistas y arquitectos en el siglo 21 no es regresar a ciudades sin automóvil. Es aprender a diseñar el espacio público de tal forma que podamos rescatar el placer y bondades de ciudades antiguas, diseñadas a la escala humana, mientras abrimos paso a una relación simbiótica entre el ser humano y el transporte a motor, sin mayor razón que para nuestro máximo beneficio. Para que todos los seres humanos indistintamente del medio de transporte que adoptemos, podamos convivir armónicamente.

Panamá requiere la transformación de nuestras ciudades y poblados en espacios que fomenten la intercomunicación entre ciudadanos y el cómodo traslado peatonal, erradicar la dependencia a un solo medio de transporte, gozar plenamente de los beneficios de una ciudad diseñada para la escala del ser humano.

¿Cómo lo logramos? Como con toda solución integral, se requieren pasos firmes y avanzar con ellos en muchos frentes paralelos.

La descentralización y la consiguiente acción agresiva del municipio de recapturar espacios olvidados es crucial. También debemos transformar nuestro códigos de urbanismo desfasados. Entristece que seguimos usando códigos de uso por zona en Panamá. Muchas otras latitudes han comprendido el daño causado por estos y han empezado a sanar sus ciudades migrando a códigos urbanos basados en forma y escala de edificaciones y no en la segregación de usos por sector. Sectorizar es condenar al ciudadano a medios de transporte motorizados.

Todo proyecto que se construye está obligado a hacer mejoras en frente de calle, si las normas piden las intervenciones correctas, cada proyecto ayudaría a rescatar la ciudad, paso a paso, sin costo gubernamental. Promotores comprenden el valor agregado que desarrollan las ciudades con mejor diseño urbano. Muchos de ellos también visualizan que después de un siglo de “desvío”, la tendencia mundial es volver a diseñar en pro de la escala humana. Los que acierten en apuntar en esta dirección verán sus proyectos liderar mercado.

¿Y cómo exponenciar el poder de una sola voz? Los ciudadanos que queremos fomentar el buen urbanismo, debemos activarnos en agrupaciones urbanísticas locales. Debemos alzar voces en redes sociales para comunicar el deseo como agentes de mercado de recapturar espacios públicos y volvernos a conocer entre todos. Para mañana es tarde.

El autor es arquitecto


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