JUSTICIA

¡Urgencia existencial!

La decisión unánime que emitieron tres jueces interinos sobre el proceso (y no la sustancia) respecto a la requete comprobada violación a la intimidad de cientos de panameños, constituyó el gran símbolo de quiebre del sistema de justicia en nuestro querido país.

Como nación, no seríamos capaces de aceptar ni siquiera el inicio de un juego de fútbol sin árbitros. Pues bien, ¡en nuestro país este caso Martinelli comprueba que nos quedamos sin árbitros!

Ahora sí que no es cuestión de opinión. Este caso ha sido tan burdo y vulgar, que no da cabida a opiniones de este u otro lado, pues de un solo trancazo se declaró: Panamá se quedó sin árbitros… ¡y punto!

El acusado lo confesó “le tengo un expediente – el pedigree – ¡a todos!”. La embajadora de Estados Unidos lo escribió en su reporte, escandalizada: “el presidente me pidió un equipo para grabar a sus enemigos”. Compró las máquinas pinchadoras y las “perdió” en el Súper 99, de su propiedad. Suficientes víctimas certificaron que fueron pinchados sus correos y sus voces y, lo peor, cientos y cientos de panameños sentíamos que nos espiaban y luego lo comprobábamos a través de las publicaciones en los medios de comunicación propiedad del acusado.

No había la menor duda razonable. Todo Panamá lo sabía, nadie lo dudaba.

Pero tres magistrados interinos, nombrados por aquel instrumento del acusado en la Corte, todos con una clara vinculación histórica con el acusado, sin entrar en el fondo, sentenciaron por unanimidad: “la verdad ¡no existe!”. La fase intermedia aprobada por la Corte Suprema de Justicia – la máxima autoridad de justicia del país– ¡no existe! Para los tres árbitros de este “juego” solo hay un equipo en el campo y nosotros, sin jugar, los vimos meter todos los goles… ¿y qué… qué?

Una parte de los fanáticos de ese equipo, a pesar de la ceguera de los árbitros, rompió en alegría. Los demás – la mayoría – sin poder creer lo increíble de lo que habíamos visto, salimos aturdidos pensando que nuestro deporte más querido había quedado destruido para siempre, y pensando… ¿y ahora qué?

Lo primero es digerir el increíble golpe que hemos sufrido. Lo segundo es controlar la angustia y comenzar a pensar, usando la cabeza con serenidad e inteligencia. ¿Qué hay de positivo en esta locura, que fue tan extraordinariamente increíble que se convirtió en un símbolo generalizado, reconocido por todos, de que un país - mi país, tu país - no puede aceptar bajo ninguna circunstancia funcionar sin árbitros, ya que así no podrá haber convivencia y paz entre nosotros, que siempre hemos sido y somos ciudadanos amantes de la paz? En Panamá no nos matamos para resolver nuestras diferencias como lo hacen en países vecinos. Nosotros siempre buscamos un árbitro que nos ayude a resolver. Nosotros no aceptamos – ni aceptaremos jamás – un país sin árbitro.

Primer paso: el sistema de arbitraje se pudrió desde la cabeza (la Corte). Al presidente, por circunstancias conocidas, le tocará nombrar a seis de los nueve magistrados de la Corte, uno, ya; otros dos el 1 de enero y tres más adelante durante su mandato.

Esos nombramientos – por sus méritos – deben contar con el beneplácito de la gran mayoría de los panameños y deben saber que van como equipo con la obligación de limpiar la Corte y, de paso, el sistema, instalar la carrera y voltear la torta de lo increíble, volviendo a prestigiar a los árbitros del juego democrático de nuestra República. No hay opción. En manos de nuestro presidente está salvar el juego democrático… y el país.

Los siguientes pasos son nuestros - ¡de nosotros, los ciudadanos! Nosotros nos fortalecemos con los golpes, y con pasión y la razón lucharemos por nuestra dignidad, por nuestro único país, sin desmayar, cueste lo que cueste. No aceptaremos más supuestos “árbitros” que se compran y venden. Nuestro compromiso es por la patria decente y moral. Lo nuestro no es transaccional, no; lo nuestro es transformacional, y como ciudadanos, nuestro compromiso es nuestra identidad. Tenemos, gracias a este simbólico e increíble caso, lo que Frogse llamó “una urgencia existencial” de adecentar y así conservar nuestra Patria.

El autor es fundador del diario ‘La Prensa’

Edición Impresa

ENVÍOS POR EMAIL