TURISMO RELIGIOSO

Valió la pena

El sábado 24 de noviembre, el pueblo panameño recibió con gran regocijo la entrega de la Catedral Basílica Santa María la Antigua, restaurada a un costo por encima de los 12 millones de dólares aportados por el Estado panameño. Fue una obra titánica emprendida por el Comité de Amigos de las Iglesias del Casco Antiguo, Caica, liderado por el señor Ricardo Gago, con la colaboración del incansable fray Javier Mañas, O. de M.

No fue tarea fácil, pues el comité tuvo que confrontar la mala prensa y la desinformación generada por algunos sectores de la sociedad, que de forma miope y simplista, enfocaron este asunto como una “entrega más de plata del Estado a la Iglesia de Panamá”.

Recientemente visité la República de Cuba, donde fui recibido, en compañía de nuestro embajador Max López Cornejo, por el doctor Eusebio Leal, eminencia mundial, director de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, y por el doctor Michael González, director general de la Unidad Presupuestada de Patrimonio Cultural, adscrita a la primera. Visitamos sitios históricos, museos e iglesias de La Habana y pudimos constatar que el Gobierno cubano ha invertido esfuerzos y recursos de diferente índole, en la restauración de los principales templos católicos de la ciudad, por la sencilla razón de que son “patrimonio de la nación y cada uno guarda una historia digna de preservar”.

Sin embargo, en Panamá nos oponemos a que las iglesias del Casco Antiguo y de otros lugares del país sean restauradas, a pesar de que todas son patrimonio nacional y cada una tiene una historia que contar. Pero hay algo adicional. A raíz de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en enero próximo, se han organizado algunas rutas religiosas en varios puntos del país, destacándose la “Ruta de la Fe” del Casco Antiguo de Panamá.  Esas rutas quedarán como un legado de turismo religioso e histórico, actividad que no se desarrolla aún en nuestro medio.

Según informaciones que nos proporcionó la pastoral de turismo religioso de la arquidiócesis de Panamá, el turismo religioso representó el 27% del producto total generado por el turismo en el mundo, y movió más de 300 millones de peregrinos, durante el año 2016; la cifra ha ido en aumento, y nosotros hemos estado sin aprovechar esta actividad.

La Ruta de la Fe del Casco Antiguo de Panamá está casi lista, pero incompleta; faltan por restaurar las ruinas de la iglesia de la Compañía de Jesús, ubicada en la avenida A y calle octava oeste, las cuales están en deplorable estado. A inicios del presente año, acudió a nuestro país una delegación de Opera Romana Pellegrinaggi, principal operadora de turismo religioso en el mundo, con el fin de evaluar las rutas religiosas de Panamá y también un nuevo producto de turismo religioso que presentaron seis países de América del Sur, “la Ruta jesuítica del Sur”, similar a la que existe en España desde Loyola en el País Vasco, hasta Manresa en Cataluña.

Con mucho esfuerzo, se propuso a esa operadora de turismo que promocionara a Panamá como parte de la novedosa ruta jesuítica, ya que durante el siglo XVI, miembros de la Compañía de Jesús partieron desde Panamá con rumbo a Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y otras regiones del sur.  Parte de esa ruta jesuítica del sur sería la iglesia de la Compañía de Jesús a la que nos referimos. Todavía hay tiempo para volver sobre nuestros pasos y meterle la mano al único templo de ese sector de la ciudad al que no se le ha hecho ninguna intervención, para que sea aprovechado en toda su magnitud. Por cierto, es la única iglesia jesuita colonial en Panamá, es decir, de los antepasados de la orden religiosa a la que pertenece el papa Francisco.

El autor es escritor

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