Si la historia se repite en espiral, entonces importa hacer las siguientes anotaciones. 1) Los Estados colonialistas, ante su inminente derrumbe, paliaron la situación histórica y crearon organismos como la “Commonwealth” y hasta la propia OEA para desviar o frustrar la liberación y soberanía de las colonias.
2) Nosotros después de independizarnos de España, no supimos superar el sistema latifundista, por lo que los liberales conciliaron con los conservadores para caer en las garras de Estados Unidos (en su apogeo imperialista).
3) La lucha por la soberanía la hizo el pueblo y los tratados del Canal y de la ex Zona del Canal no los firmó un oligarca, banquero ni comerciante.
Hoy volvemos a caer en una situación similar. Desde hace más de una década Panamá ha venido lidiando con las pretensiones de la OCDE de convertirnos en su neocolonia fiscalizadora y protectora de sus fiscos. Pero, tenemos que la clase dominante del poder político es la misma (oligarcas y prestadores de servicios) que en 1903; la situación interna del país es un desastre, un caos social integral, sin rango ni jerarquía, sin una dirigencia popular idónea; en donde la sociedad pide justicia, equidad, integridad, honestidad, seguridad, respeto a la institucionalidad y tantas otras reivindicaciones sociales.
Así, la política exterior de Panamá es la del coqueteo con los perros de las guerras, del oportunismo de la seda, de entreguismo (por eso estamos aislados); de acatar y dar lo que la OCDE quiere. Con un principio de fuente o territorialidad se ha legislado sobre un régimen de precios de transferencia (sin mayor importancia para Panamá), cambios en la ley de sociedades, régimen bancario y comercio de valores, etc; y se busca la penalización de la elusión fiscal que en la Unión Europea (UE) no quieren o no pueden aplicar a sus empresas transnacionales.
Esos convenios son como la soga en el cuello, que entre más patalea la víctima, más aprieta; de ahí que hemos pasado de las listas grises a las listas negras. La injerencia de la Unión Europea o de la OCDE, GAFI, etc., en nuestros asuntos legislativos, jurisdiccionales y soberanos es evidente y directa, y ya no solo por fisgoneos o hackeos de archivos o papeles, sino también por chantajes (lista de proscritos) y amenazas con sanciones económicas.
Nadie en sus cinco sentidos afinca sus esperanzas en tribunales u organismos internacionales, porque son inoperantes y parcializados; aparte de que Panamá está aislado de aquellos otros que se pronuncian contra el neocolonialismo.
Ya alguien le había advertido al pueblo panameño, que “bien pendejos eran si se dejaban quitar lo conquistado”. Acaso, ¿el pueblo (que sí sabe qué es comer soberanía) tendrá que salir a defender la soberanía, porque la clase gobernante, nuevamente, no ha sabido cumplir su papel?