La Atención Primaria de Salud (APS) es un término que salió a relucir en 1978, con la Declaración de Alma-Ata, luego de que grupo de países se reunió para promover esta forma de atender la salud de las personas. La declaración establece que la APS es “la asistencia sanitaria esencial accesible a todos los individuos y familias de la comunidad, a través de medios aceptables para ellos, con su plena participación y a un costo asequible para la comunidad y el país”.
Como se indica, la APS es una estrategia, aunque algunos expertos la interpretan como un “nivel de atención”.
La oferta de los servicios de salud presenta problemas estructurales, organizativos, de recursos y tecnologías. La demanda está desorganizada, teniendo múltiples vías de acceso a los servicios, dificultando la accesibilidad, continuidad y longitudinalidad de la atención. Por esa razón, la organización de un sistema de APS conlleva una serie de acciones, algunas paralelas y otras por etapas. Hay que tomar en cuenta que lleva entre 10 y 12 años desarrollarla, por ser un proceso no solo de acciones físicas y organización, sino de cambio de mentalidad, muy arraigado en los actores, pacientes, médicos, autoridades, docentes y estudiantes.
Un primer paso es el análisis de la población de responsabilidad sobre la que se aplicará la estrategia que ordenará el acceso a los servicios de salud. Esto implica la sectorización del área de atención, según la accesibilidad, la cercanía y la facilidad del usuario a la Unidad de Salud que le brindará la atención. Este proceso inicial es necesario para organizar y brindar una atención integral, que no solo incluye al paciente, sino a su entorno habitacional, porque este influye en su estado de salud.
Aquí se dan cambios no solo físicos sino de mentalidad, tanto del usuario como del equipo de salud. En cada una de las instalaciones sectorizadas debe haber médicos de cabecera, que el usuario escogerá para su atención y la de su familia. Se trata de un médico general que se mantiene actualizado mediante seminarios, diplomados y otros cursos, que lo dotan de todas las herramientas necesarias para hacer diagnósticos y ofrecer el tratamiento más efectivo.
El médico de cabecera es el profesional idóneo para aplicar la política de medicina preventiva, sea esta la de prevención primaria, para evitar una enfermedad o disminuir las posibilidades de que aparezca, o la de prevención secundaria, cuando un paciente ya está afectado por alguna dolencia y el médico evita que se complique. En cambio, el médico especialista se enfoca en su especialidad y recibe a un paciente ya afectado.
En esta reorganización también hay que abrir la política de descentralización y participación para que los protagonistas locales –odontólogos, enfermeras, técnicos de radiología, laboratorio, farmacia, registros médicos y otros–, sean parte de la solución con su experiencia, conocimientos y capacidades. Todo esto es importante, porque pasamos de una atención que ve la enfermedad de forma aislada (sin considerar los cambios biopsicosociales que pasamos los seres humanos), a una atención integral en la que el médico de cabecera conoce detalladamente a cada uno de sus pacientes, realiza controles periódicos y predeterminados, ya sea cada tres meses en casos de los pacientes crónicos, o entre 6 o 12 meses a sus pacientes “sanos”. De esta manera se resuelve el problema de las citas médicas, porque están programadas con anticipación. Y, al tener controles de salud preprogramados, se disminuye la asistencia innecesaria a los cuartos de urgencia.
Por otro lado, como los pacientes crónicos estabilizados y controlados son atendidos por médicos de cabecera, se libra al especialista del 60% de las citas, y entonces el tiempo asignación de otras se acorta significativamente. Estos resultados se podría palpar luego de tres o cuatro años de haber organizado la APS. A partir del octavo año en adelante, se podrá ver una disminución en el número de hospitalizaciones, casos de cáncer, y ver los primeros signos importantes de la disminución de los cuadros de insuficiencia renal y de otras complicaciones por enfermedades crónicas.
De no desarrollar esta estrategia de APS, por más dinero que le aportemos al sistema de atención de salud, los resultados serán igual que los de ahora. La construcción del hospital del norte de la CSS contradice la política de APS. No resolverá absolutamente nada en salud. Por la mitad de su costo se podrían construir cuatro o cinco instalaciones de salud en el sector norte, dirigida a la APS. Así pondríamos en práctica la medicina preventiva, no la curativa que es la que se brinda en los hospitales.
