Se trata de casi una interrogante existencial. ¿Dónde está la juventud? Es precisamente la pregunta que muchas generaciones que nos antecedieron han intentado responder de manera concreta. Es común escuchar comentarios tales como: “la juventud de hoy no sabe lo que quiere”; “es bipolar” ; “no hay esperanza”. Pareciera que hay un cúmulo de prejuicios y estigmas endilgados a la juventud panameña que catalizan pensamientos de indiferencia para quienes nos corresponde muy pronto guiar los destinos de la Patria.
Históricamente, la juventud de Panamá ha demostrado tener valentía, coraje y capacidad, al enfrentar grandes retos en momentos difíciles en nuestra sociedad. La gesta patriótica del 9 de enero de 1964, protagonizada por jóvenes panameños, es el mejor ejemplo de esta realidad histórica.
Descalificar el aporte potencial juvenil para el país con vacíos argumentos como: “les falta experiencia” o “son hormonales” es un golpe certero a la democracia participativa. Irónicamente, muchas veces estas etiquetas provienen, en su mayoría, de ciudadanos que dicen ser “adultos experimentados”. Algunos cargan sobre sus espaldas trayectorias políticas cuestionables que por décadas han sumergido a las instituciones públicas en un mar de fondo ineficiente y burocrático.
Más allá de la catarsis colectiva en las redes sociales, ha sido la corrupción materializada por el soborno y escandalosa impunidad, las alarmas que despertaron la inquietud de muchos jóvenes que hoy son voces inéditas.
Son inéditas porque rompen con el esquema común de criticar sin resolver. Son inéditas porque dicen presente con propuestas realizables como “Las 19 para el 19”, un aporte cuyo propósito es mejorar el sistema educativo de Panamá que nace en el Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana y en Jóvenes Unidos por la Educación, presentado y entregado a todos los presidenciales. Son inéditas porque decidieron ser actores y no espectadores del cambio.
La juventud panameña no solo es el 18% de padrón electoral de las elecciones generales del 5 de mayo, es el presente que exige más espacios que garanticen una participación ciudadana real. Hoy más que nunca, la juventud ha despertado de aquel sueño profundo caracterizado por el desinterés con relación a la vida social y democrática.
El país que nos vio nacer está demandando con sentido de urgencia más voces inéditas que cumplan con sus deberes sociales y asuman responsablemente los retos que nos garantizarán vivir en una verdadera democracia. No calles, alza tu voz inédita: demostremos juntos que, con respeto, educación y responsabilidad, podemos ser catalizadores de esperanzas.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la educación y egresado del Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana