CULTURA HUMANA

Volvamos a la prehistoria

Volvamos a la prehistoria
Volvamos a la prehistoria

Es un hecho que la situación económica mundial no está al nivel que nos gustaría que estuviera. Hoy, son pocas las personas que pueden darse el “lujo” de ahorrar algo de lo que devengan con sus actividades cotidianas. Casi el 100% de lo que entra se va en pagar deudas, responsabilidades, comida y servicios básicos. Quizás algunos no tan básicos, como televisión por cable e internet, pero al final, necesarios para que en el hogar, los miembros de la familia puedan descansar y jugar.

El común de los ciudadanos tendemos a inclinarnos hacia la idea de que esta difícil situación económica es culpa de los gobiernos. Y en alguna medida lo es.

Sin embargo, gran parte de la responsabilidad recae directamente en los ciudadanos, las personas comunes y corrientes que nos levantamos cada día a “jalar la carreta”, a trabajar para ganarnos el pan de manera honesta.

¿Pero en qué cabeza cabe que el ciudadano honesto puede ser responsable de la situación que aqueja a la economía mundial? Hay que estar loco para pensar de esa manera. ¿O acaso es la sensatez lo que puede generar esa lógica?

Desde que la humanidad sufrió los cambios de la revolución cognitiva, hace unos 70,000 años (Yuval Noah Harari, Sapiens, De animales a dioses), los otrora cazadores/recolectores que estaban acostumbrados a llevar una vida más o menos solitaria por los bosques, adoptaron la idea de que sería bueno vivir en cuevas o en primitivas chozas, lo que dio como resultado el inicio de la sociedad gregaria que conocemos.

Sea cual fuere la necesidad que nos llevó a agruparnos, el hecho fue que logramos algunas ventajas, que a su vez nos presentaron con otros problemas.

“¿Quién decide cuál ruta seguir en el camino, o qué animal cazamos para comer?”.

En la prehistoria había que tomar buenas decisiones. Un error era igual a morir, literalmente.

Los líderes tenían más experiencia cazando, conocían un mayor número de plantas comestibles y medicinales o simplemente tenían la capacidad de convencer a sus colegas. Eran los mejores miembros del grupo. Desde ese primitivo momento nacieron las agrupaciones de personas con fines en común y en consecuencia nació también la política.

Historia antigua y prehistoria tenían en común que los líderes tendían a ser extraordinarios, y la gente los aceptaba porque era obvio que brindarían más beneficios que problemas al grupo social.

En tiempos primitivos, los cambios en la forma de vida eran poco comunes. Salvo que algún depredador entrara en la aldea y se comiera a algunos de los vecinos, había poco de qué comentar. La vida era relativamente estática.

Esa definición no encaja con la actualidad.

Hoy, los ciudadanos debemos involucrarnos en el devenir de nuestra sociedad, ya que hay un gran depredador que se está comiendo no solo a los ciudadanos, sino al país.

Es un depredador al que nosotros mismos alimentamos con nuestra indolencia y falta de acción. El depredador es la corrupción.

Al permitir que el delito se salga con la suya por no involucrarnos, este crece y se desarrolla. Cada vez que elegimos gente notablemente no preparada para ejercer puestos políticos, afianzamos el poder de la corrupción.

Mientras no exijamos que las personas que aspiren a puestos de elección popular sean ciudadanos probos, cualquier bellaco labioso podrá sentarse en un puesto de decisión, y al final tendrá un peso específico a la hora de decidir el rumbo de nuestra sociedad. Los elegidos serán nuestros líderes.

Es curioso que algunos pensemos en “salvajes” cuando imaginamos a nuestros abuelos de la prehistoria, ya que en esa época, si el grupo quería sobrevivir, elegía a sus mejores miembros como líderes, seguros de que ellos darían hasta la vida para proteger a la unidad social y para asegurarse mejores días para todos.

Hoy debemos aspirar a evitar nuestra extinción como sociedad haciendo cada uno lo que pueda para mejorar, y cuando tengamos la oportunidad de elegir, ejerciendo ese derecho para empoderar a nuestros mejores representantes, no a los que solo saben comer de lo que el resto del grupo trabaja.

Volvamos a la prehistoria y pongamos a nuestro país por delante.

Dios nos guíe.

El autor es ingeniero civil


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