Después de tres artículos ignorando nuestro circo, no queda más que volver a las andadas. Era mucho pretender que el protoplasma cambiara. Si miramos al horizonte, veremos que todo sigue igual.
Como siempre, la política criolla está empeñada en retar constantemente nuestra capacidad de asombro. Cuando pensábamos que no podía empeorar, ¡zas!, se salen con alguna nueva atorrancia. Y si pensamos que aún faltan nueve meses para las elecciones, asusta pensar lo que llegaremos a ver. Pero hagamos un repaso del último mes.
Mientras rodaba el balón, vivimos La Tremenda Corte. Desde la saltadera en Tocumen, los recursos infinitos, los alegatos a favor y en contra, y todas las dolamas que han ido apareciendo, ya nadie sabe dónde estamos. El Sr. Martinelli sigue encerrado, y su salud, según sus abogados, no anda bien. Como aquí ya nadie le cree a nadie, no tenemos una idea de su condición real. Solo hago una aclaración: los médicos no podemos tomar decisiones basadas en quién es la persona que atendemos, como tampoco nos corresponde impartir justicia. Para eso, se supone están los jueces. Cuando una persona tiene elevación severa de la presión arterial y una arritmia de respuesta rápida, debe estar en un hospital. Aunque se niegue a tomar medicamentos, no nos corresponde a los médicos decir “pues que se jo…”. Nuestro deber es tomar decisiones profesionales, basadas en los datos que puedan afectar el diagnóstico, tratamiento y pronóstico del caso. Dicho esto, me alegra que todo este bodrio ya esté perdiendo interés, y cada vez se diluya más. Finalmente, no podemos pasarnos el resto de la vida discutiendo quién pincha a quién.
Otra vergüenza es el “roamingate” del sub del INAC. El tipo tiene en su celular institucional una cuenta de uso fuera de Panamá por casi $20 mil. Ante semejante irresponsabilidad, el tipo se saca una “explicación” en papel membretado, que sonaba muy bien hasta que la directora lo desmintió, básicamente, llamándole mentiroso, y haciéndolo responsable del pago de la cuenta. Pero, como Panamá es como es, el tipo dice que “él no se va a ir, hasta que Varela lo bote”. Como es obvio, el presidente solo tiene que señalar el dedo hacia abajo, al mejor estilo de emperador romano, para largar al tipo, previo embargo de sus propiedades para hacer frente a la cuenta.
Y, como no podía faltar, la Asamblea sigue con las planillas de marras. Resulta que hasta empleados del hipódromo cambiaban cheques para dárselos a un diputado. Mientras, a la madrastra de la patria la reeligen porque se niega a hacer públicos los detalles del chanchullo, ante el silencio cómplice de las cúpulas de todos los partidos políticos que no han pedido a sus diputados que cumplan con el derecho que tenemos los panameños a saber cómo se roban -digo, cómo se gastan- nuestros impuestos…
En fin, de cara a todo esto, me sigue pareciendo que lo más sabio es: #NoReeleccionDeNadieEn2019.
El autor es cardiólogo
