España ha votado. Ahora le toca a Panamá. En ambos países el sistema introduce el tedio como principio del “olvido democrático”, es decir, a más campaña, a más molestar pidiendo el voto en constante discusión con los oponentes, el votante, harto, prefiere votar y pasar del asunto hasta las siguientes elecciones. Eso, en el caso de acudir a las urnas.
Votar con luces cortas garantiza a los elegidos cinco años de impunidad. Se prefiere que el elector, una vez ejercido su derecho, tenga la sensación de que el daño ya está hecho y que la democracia solo admite ser corregida durante las próximas elecciones. La legislatura se convierte así en un páramo que transitar con impaciente resignación.
Esta conciencia falsa deja libre las manos ladronas y tonifica el espíritu corrupto. Es una situación sostenida por clientelistas y entusiastas de la ignorancia que predican el “yo robo pero hago” y “la plata del gobierno no es de nadie”, bajo la mirada sonreída de los honorables asamblearios vestidos de blanco.
Votemos hoy 5 de mayo con luces largas. Votar un día y no mantener la mirada crítica y reflexiva sobre el gobierno que sea elegido, es desperdiciar la oportunidad de hacer crecer nuestro sistema democrático, anquilosado por la falta de una verdadera participación cívica. Democracia no es solo votar, es también mantenerse atento a cómo se desarrolla la legislatura.
Una sociedad democrática no cuenta su bienestar en términos de PIB, también mira la calidad de la salud, del sistema de pensiones, la educación, la cultura, el reparto equitativo de la riqueza. No nos creamos los números de renta per cápita y de crecimiento para nuestro país mientras la desigualdad golpea siempre a los mismos.
Votemos con conciencia de cambio, con luces largas. Votemos con la conciencia de que nuestro papel no es el de ser gobernado, sino el de velar para que nuestra democracia no siga siendo el negocio para sinvergüenzas más rentable del mundo.
El autor es escritor