Días atrás, en su discurso para conmemorar el centenario del armisticio de Compiègne (1918), el presidente Macron elogió el patriotismo de los combatientes franceses. Detrás de ese patriotismo, dijo, había una “visión de Francia como nación generosa, portadora de valores universales” que guiaban sus corazones (El Independiente, 11 de noviembre).
Las palabras de Macron están inscritas en una tradición republicana de mucha raigambre. Maquiavelo, iniciador de la teoría política moderna, es uno de los grandes expositores del patriotismo, sobre todo en sus Discursos sobre las décadas de Tito Livio, aunque también en El príncipe, cuyo texto concluye con una exhortación a liberar a Italia de los “bárbaros”.
Para Maurizio Viroli, gran intérprete de la tradición republicana, el patriotismo es “una pasión política basada en la experiencia de la ciudadanía (…) es el amor por una república libre y por su forma de vida: il vivere libero” (El sentido olvidado del patriotismo republicano, 2001).
Como pasión política —tal cual la describe Viroli—pocos artificios la evocan con mayor eficacia que los versos de Gaspar Octavio Hernández, cuyo Canto a la bandera (1915) termina con un llamado a sacudirnos, no tanto de los bárbaros, sino de la pusilanimidad: ¡Bandera de la patria! Sube..., sube / hasta perderte en el azul... Y luego / de flotar en la patria del querube; / de flotar junto al velo de la nube, / si ves que el Hado ciego / en los istmeños puso cobardía, / desciende al Istmo convertida en fuego / y extingue con febril desasosiego / ¡a los que amaron tu esplendor un día!
Hernández, el bardo del patriotismo, falleció frente a su máquina de escribir, 100 años atrás, en noviembre de 1918. En su honor se instituyó el Día del Periodista (13 de noviembre). Nueve décadas más tarde, el 14 de noviembre de 2008, expiraría uno de los más insignes exponentes del patriotismo istmeño: Carlos Iván Zúñiga.
Con motivo de su deceso, la Ley #17 de 2010 rindió honor a su memoria y ordenó la colocación de su retrato en el edificio de la Asamblea Nacional, así como la construcción de una estatua en el corregimiento de Ancón, nada de lo cual se ha cumplido. La Alcaldía de Panamá, el Municipio de San Miguelito y la Defensoría del Pueblo instituyeron el 14 de noviembre como Día del Patriota, pero este año, entretenidos en otras faenas (seguramente de mayor relevancia), no han encontrado tiempo ni recursos para llevar a cabo actividades que promuevan en la ciudadanía el “amor por una república libre” que planteó Viroli, que tanta falta nos hace y que profesó el Dr. Zúñiga.
Durante décadas, Zúñiga fue madurando un pensamiento nacional que aún hoy tiene vigencia y acompañó a los panameños en sus luchas por las causas patrióticas y republicanas. En los albores de su vida ciudadana, cuando el afianzamiento nacional era una utopía, Carlos Iván Zúñiga soñaba con una patria libre de corrupción e intromisión extranjera.
En su primera entrevista pública, realizada en 1946, se le preguntó si aspiraba a la internacionalización del Canal. “Aspiro”—contestó— “a un Canal panameño”.
Desde entonces, su sueño llenó de bríos a la ciudadanía, que en los años siguientes se agitó para recuperar el ejercicio de la soberanía en la zona de tránsito y obtener la administración y control de la vía acuática. Con la valentía que infunden los versos del poeta Hernández, luchó, desde muy joven, contra la autocracia y el militarismo.
Junto con sus compañeros del Frente Patriótico de la Juventud, rechazó la corrupción electoral. “Ante el dinero y el licor, vergüenza”, fue su consigna para moralizar las elecciones. Rumbo a las votaciones de mayo de 2019, no estaría mal recuperarla.
El Dr. Zúñiga creyó, practicó y promovió los valores que —nos recuerda el presidente Macron— son el sustento del patriotismo. La llama de la virtud republicana guiaba sus actuaciones y motivaba sus sacrificios, sobre todo cuando en 1968 la usurpación militar desbarató la república. Por ello, sufrió carcelazos y persecuciones.
Esta página a la que aportó semanalmente, durante ocho años, hasta la víspera de su deceso, hoy recuerda a Zúñiga, el patriota y presenta su vida, como modelo de civismo, a los lectores del diario libre de Panamá.
El autor es politólogo e historiador y director de la maestría en relaciones internacionales en FSU, Panamá.