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¡A negociar!

Hace unos días, escuchaba una vieja canción de esos años en los que todavía se podía “bailar pegao” con quien a uno le gustaba. Me refiero al grupo Bread y a la canción I Want to Make It with You, cuya letra me hizo reflexionar sobre la difícil situación que atraviesa el país. La frase dice: Have you ever tried really reaching out for the other side?, que podría traducirse como: “¿Alguna vez has tratado de llegarle al otro lado?”

Quisiera aplicar esa frase a la situación de incertidumbre que estamos viviendo, en la que grupos sindicales han declarado huelga, suspendido clases, organizado marchas y concentraciones, además de los impopulares cierres de calles y carreteras, que no hacen más que perjudicar a quienes los promueven o participan en ellos.

Siento que los distintos lados de esta ecuación han levantado la voz y, de una forma u otra, han manifestado sus posiciones, pero pocos las escuchan y muchos menos las comprenden. Un hombre muy sabio, que en muchas cosas me ha servido de ejemplo, decía: para discutir (o pelear) se necesitan dos. Mientras más altos son los gritos en una discusión, menos entendimiento hay.

Recientemente participé en un programa de televisión local y, cuando el medio promocionó en redes sociales mi intervención, salvo contadas excepciones, la mayoría de quienes comentaron no debatieron lo que opinaba, sino que se dedicaron a descalificarme. Es decir, no escucharon lo que tenía que decir en su totalidad, pero aun así me lanzaron todo tipo de epítetos, incluso insultaron a mi madre, que ya falleció hace varios años.

Y yo pregunto: ¿de qué sirve esa descalificación? ¿De sentirse que han podido descargar su ira por no poder escuchar —y menos comprender— lo que se iba a discutir en el programa? Sinceramente, me he convencido de que muchos panameños creen que descalificar a un rival o contrincante equivale a haber ganado una discusión, aunque ni siquiera haya existido un verdadero debate.

Lo que hoy se discute en las calles, comedores y hasta en los aeropuertos va mucho más allá de una disputa superficial: nos estamos jugando la estabilidad jurídica y económica del país. No se trata de una minoría, como algunos han querido hacer ver. ¿O ya se nos olvidó que, durante la pandemia o el cierre de finales de 2023, no importaba si tenías dinero o no? Faltó comida, faltaron medicinas, y lo más importante: faltó la solidaridad que siempre nos ha caracterizado.

Para buscar soluciones, los seres humanos debemos primero conversar. Luego analizar, debatir y construir acuerdos. Si no empezamos por ahí, no podremos avanzar en ninguno de los otros pasos necesarios para entendernos.

Por eso, algunos estamos convencidos de que un buen inicio para este proceso —llámese conversación, diálogo, reunión o encuentro— es sentarnos a hablar. Eso sí: todos debemos dejar la mochila, las piedras, los insultos y los prejuicios en la puerta de entrada, y entrar solamente con una banderita de Panamá en el corazón.

Los representantes del Órgano Ejecutivo deben prepararse para escuchar, acompañados de personas calificadas. No necesariamente quienes han dado la cara hasta ahora, sino otros dispuestos a ponerse la camiseta roja que lleva nuestra bandera sobre la tetilla izquierda. Mientras tanto, los dirigentes deben dejar los insultos, la falta de respeto y los bloqueos en la misma puerta de entrada.

Se debe nombrar un mediador que genere la confianza que tanto se necesita. Estar dispuestos a escuchar y comprender. Digo esto porque hablar de “derogar” una ley no es competencia del Ejecutivo, sino de la Asamblea Nacional, por lo que también deben estar representados. Todos deben entrar sabiendo que se va a negociar, no a imponer.

Que se discuta lo que legalmente se puede modificar para mejorar, y que haya un compromiso de actuar con la mayor celeridad y diligencia posibles. Así como hubo un entendimiento con los trabajadores bananeros, también puede haber acuerdos en los aspectos que realmente se puedan corregir.

Si esto no ocurre, tendremos problemas mucho más serios que los vividos hasta ahora y que aquellos que padecimos en las ocasiones anteriores a las que me referí más arriba.

El autor es dirigente cívico y analista política.


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