Richard toda su vida se ha esforzado y ha logrado salir adelante. Logró comprar una casa donde vive con su familia, y un apartamento como inversión. Se puede decir que Richard ha logrado tener un bienestar gracias a que ha sabido ser austero para dejar algo mejor a sus hijos. Pero debido al estatus de Richard, siempre ha visto que sus amigos y colegas tienen una vida mejor, quizás con algunos lujos que en el momento él no se puede costear.
Es así como un día decidió comprarse el último Ferrari, el más caro de todos, siendo el único modelo dentro de su país y poder así mostrarles a sus amigos y compañeros que él también puede vivir esa vida. Cuando la esposa le preguntó cómo hizo para pagarlo, respondió que había colocado sus propiedades como garantías de pago. El único inconveniente es que el carro cuesta mucho más que sus dos propiedades juntas, con lo cual parte de sus ahorros futuros también se verán destinados a tener que pagar el carro.
Si conociéramos a una persona así, todos diríamos que está loca, y que comprarse algo que no podía pagar solo para disfrutar en el presente, algo que seguramente tendrán que pagar sus hijos, quizás sin disfrutar del carro, es absurdo. Bueno, exactamente eso es lo que hemos venido haciendo en Panamá desde hace más de 30 años.
Todo ser humano tiene un principio básico y es mejorar sus condiciones de vida, logrando satisfacer de la mejor forma sus necesidades más urgentes. Pero llega un punto donde estas han sido satisfechas y queremos satisfacer ahora muchas otras que a veces suelen tomar más tiempo del que debería o quizás no se logran satisfacer de la manera que mejor hubiésemos deseado.
Pero existe una “fórmula mágica” que los gobiernos se inventaron y llamaron subsidios. Esos subsidios hacen más o menos esa distorsión de la realidad que hizo Richard. Elevan nuestros niveles de vida a un nivel que sin ese subsidio nos tomaría más alcanzarlo (ahorro), por lo que seríamos un poco más infelices sin él, tal como se sentía Richard. Pero al igual que Richard, surge la pregunta ¿Quiénes están pagando esos subsidios? ¿Esa vida que nos merecemos hoy, y que no importa si mañana la paga otro? El problema es que esos otros son justamente nuestros hijos o nietos.
El problema radica cuando los usamos esos subsidios como un medio para beneficiarnos, para elevar nuestro nivel de bienestar y vivir desconectados de la realidad, sin ninguna justificación más allá de un berrinche de “nos lo merecemos” porque ese no es el fin para los que están hechos, el cual es en realidad una ayuda temporal para darle un empujón a quienes lo necesitan.
Esa forma de actuar origina una cultura alrededor de los gobiernos, y los obligan a cada vez gastar más para sostener un estilo de vida, insostenible, que hubiese tomado más tiempo alcanzar.
El problema será, al igual que cuando Richard ya no esté en este mundo, alguien tendrá que pagar esa deuda. Donde lo más seguro es que sean sus hijos quienes deban pagarla, pero el problema, es que los hijos no tendrán el mismo nivel de riqueza que tenía su padre, ocasionando que su nivel de bienestar sea sumamente inferior, al de su padre, dado que tendrán que vender sus propiedades y dar parte de sus salarios, para afrontar dicha deuda.
El autor es amigo de la Fundación Libertad
